En la habitación 100, del hospital Viamed de Sevilla, descansa Morante de la Puebla. Lo han sacado de la UCI hace unas horas. Recibe con una sonrisa cansada, una expresión tranquila. Tiene las molestias lógicas, pero los analgésicos controlan el dolor: «Ha sido la cornada que más me ha dolido en mi vida. Buff, fue un dolor muy fuerte. Me toqué buscando la sangre». Sabe perfectamente cómo sucedió todo cuando marchó a recoger al toro emplazado. Tiene las vías en la mano izquierda, en el reverso de la mano que dibuja el toreo. «Me daba miedo que hubiera sangre en abundancia», dice mientras espera la visita del doctor Octavio Mulet.
El torero recibe a EL MUNDO unas horas después de la grave cogida que sufrió en La Maestranza
En la habitación 100, del hospital Viamed de Sevilla, descansa Morante de la Puebla. Lo han sacado de la UCI hace unas horas. Recibe con una sonrisa cansada, una expresión tranquila. Tiene las molestias lógicas, pero los analgésicos controlan el dolor: «Ha sido la cornada que más me ha dolido en mi vida. Buff, fue un dolor muy fuerte. Me toqué buscando la sangre». Sabe perfectamente cómo sucedió todo cuando marchó a recoger al toro emplazado. Tiene las vías en la mano izquierda, en el reverso de la mano que dibuja el toreo. «Me daba miedo que hubiera sangre en abundancia», dice mientras espera la visita del doctor Octavio Mulet.
El drenaje de la herida apenas escupe ya sangre. «Temía que me hubiera alcanzado las tripas», dice. Cuando entra el doctor, le explica las cosas. Le van a poner una vía central para la alimentación parenteral, es decir, una administración intravenosa de nutrientes directamente al torrente sanguíneo. No puede comer en cinco días. Antes el maestro había gastado una broma: «A ver si me dan un yogur». Mulet explica a EL MUNDO la complejidad de la cornada por lo delicado de la zona, la reconstrucción de esfínteres y el temor a posibles infecciones. Por eso por la la vía bajan antibióticos a las venas por donde fluye la sangre del toreo.
Morante repasa su memorable Feria de Abril, las sensaciones de cuando lo mecían a hombros hacia la Puerta del Príncipe en la histórica tarde del 16 de abril, cosas que contaremos. Ahora lo van a bajar a la UCI, donde ha pasado tanto frío esta madrugada: «Mucho frío». Hace algún gesto de dolor. «El toro salía suelto y cuando se quedó emplazado en los medios fui a por él. Me llevó por delante». El genio va a estar ingresado no menos de una semana. El mundo del toro está en shock. Morante volvió para hacer Sevilla suya otra vez, y desgraciadamente verter su sangre. «Sólo me falta que me coja un toro», había dicho el día antes.
«He pasado una noche un poco regular, de dormir poco, pero la verdad que no he tenido muchos dolores. Tendré que estar unos días así, con nulo alimento y espero poderlo pasar con un poco de paciencia», detalla el torero, recostado en la cama de la clínica sevillana, con la vía puesta en su mano izquierda. «Ha sido sin duda la cornada de más dolor que he sufrido en mi carrera, tenía un dolor inmenso y además tenía mucho miedo porque vi que el toro me había cogido y pensaba que estaba sangrando mucho. Cuando llegué a la enfermería y vi que el sangrado era poco, ya me relajé bastante. Pero me dolía muchísimo«, incide.
Ya el propio doctor que firmaba la operación y el parte médico, Octavio Mulet, afirmaba anoche en declaraciones a Mundotoro que la zona de la cogida es una de «dolor muy importante». «La cornada ha tenido lesiones complejas, más que su propia gravedad. Es la zona anal, del recto. Ha habido que hacer una reparación de esfínteres, lo que hace de la intervención una cirugía más complicada«, señalaba el médico, que en su intervención también descartó otras lesiones en la zona lumbar, a la espera de pruebas radiológicas de la cornada.
Aunque Morante sigue sin poder consumir alimentos, la alimentación parenteral le permitirá alimentarse por vía intravenosa. «Nunca me la he puesto, pero dicen que es con un cateter que te llega más a la vena gruesa para que entre el alimento mucho mejor«, expone el torero.
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