<p>¿Cómo nos vamos a llevar mejor si recibimos el año convirtiendo las uvas en balas? ¿Qué esperar de quien corre a criticar a <strong>Pedroche </strong>antes de besar a los suyos, a intentar enfrentarla con <strong>Chenoa </strong>o a convertir la elección entre <strong>Estopa</strong>, seres de luz, y <strong>Chicote</strong>, un gran tipo, en la enésima guerra civil? ¿Ha decidido mi mando a distancia mi voto? ¿Progres a TVE, carcas a Antena 3 y todos a poner meme(ce)s en redes sociales? ¿Alguien se cree de verdad esa chorrada? ¿Telecinco todavía existe? ¿Es lícito brindar con sidra achampanada?</p>
¿Ha decidido el mando a distancia mi voto? ¿Soy facha si vi a Pedroche y rojo si puse a Estopa? ¿Alguien se cree esa chorrada? ¿Es lícito brindar con sidra?
¿Cómo nos vamos a llevar mejor si recibimos el año convirtiendo las uvas en balas? ¿Qué esperar de quien corre a criticar a Pedroche antes de besar a los suyos, a intentar enfrentarla con Chenoa o a convertir la elección entre Estopa, seres de luz, y Chicote, un gran tipo, en la enésima guerra civil? ¿Ha decidido mi mando a distancia mi voto? ¿Progres a TVE, carcas a Antena 3 y todos a poner meme(ce)s en redes sociales? ¿Alguien se cree de verdad esa chorrada? ¿Telecinco todavía existe? ¿Es lícito brindar con sidra achampanada?
Hay que reconocerle a la Nochevieja que no engaña: esto es lo que somos y lo que seremos también en 2026. Mejor dejarlo claro desde el principio: «Vamos a seguir a hostias, escojan bando antes de poner Cachitos para tener claro con qué rótulos indignarse, si con los de Pedro maquillado y en el Peugeot o con los del Ventorro y el trabalenguas de Feijóo«.
No pretendo ser de centro centrado, ni machista ni feminista y ni fascista ni antifascista, pero es un coñazo afrontar otro año que da pereza desde el primer día. Asomas la cabeza fuera de la burbuja protectora del salón de tus padres (o donde cene cada cual) y lo único que apetece es meterse en la cama. Solo, incluso.
En casa de los Díaz-Guerra Prieto las tradiciones no varían. Mi madre pela las uvas de los nietos para evitar un ahogamiento que no le asustaba con sus hijos, mi padre apura para sacar las copas de cava (o sidra, insisto) a las 23.55 ante la tensión exagerada de mis hermanas, yo echo un último vistazo a la Fantasy, comentamos el vestido de Pedroche (»no me gusta porque no lleva camiseta en invierno», apuntó mi hijo Javi con la sabiduría implacable de los 9 años), besos, abrazos y Cachitos.
Desde que entendí que salir en Nochevieja pasados los 25 es de horteras, encuentro una feliz entrada de año en esa mezcla de música, nostalgia y humor, un refugio contra el brilli brilli y la balada. Bien, pues esta vez, ni siquiera. La cantidad de sonrisas y, sobre todo, de rótulos memorables no aguanta la comparación con las ediciones anteriores. No sé si Cachitos es un producto agotado u otra víctima del mal rollo. Por primera vez dio la sensación de que habían medido los chistes para no ofender a nadie (o a ninguno más que a otro). Si nos fallan ellos, ¿qué nos queda? ¿Sólo parchís y whisky?
Me fui a dormir mustio y me levanté igual hasta que, procrastinando para no afrontar esta columna, volví a toparme con Leiva cantando desnudo, musical y emocionalmente, a Robe en la maravilla anual de Carlos del Amor. Tal vez haya esperanza. O no, pero aún hay belleza. Lo demás pasará, eso permanece.
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