Los toros de Cebada Gago son todo un clásico de los Sanfermines, la carrera de esta mañana ha supuesto su trigésimo quinta participación. Una leyenda que le hace considerarse de los hierros más temidos por la mañana y por la tarde. Su comportamiento en el recorrido fue sorprendente, de ciertos amagos en el inicio de Santo Domingo con un toro a su aire por el margen derecho a toda una reunión a lo largo de los más de 800 metros de carrera.
Un encierro rápido, de 2 minutos 20 segundos, con la manada compacta no permite grandes carreras
Los toros de Cebada Gago son todo un clásico de los Sanfermines, la carrera de esta mañana ha supuesto su trigésimo quinta participación. Una leyenda que le hace considerarse de los hierros más temidos por la mañana y por la tarde. Su comportamiento en el recorrido fue sorprendente, de ciertos amagos en el inicio de Santo Domingo con un toro a su aire por el margen derecho a toda una reunión a lo largo de los más de 800 metros de carrera.
Algunos toros pelearon por la cabeza de la manada que siempre defendieron los cabestros de la punta. Imediatamenta antes de la curva de Mercaderes hubo una estrepitosa caída de un mozo que forcejeaba con otro para coger toro. Hubo corredores que cogieron la curva por fuera quedándose a merced de los toros, que afortunadamente, no hicieron por ellos. El astifino carbonero logró por momentos la cabecera que aprovecharon algunos mozos en Estafeta, pero prácticamente no se abrieron huecos.
Antes de llegar al tramo de Telefónica algunos toros perdieron pie, especialmente el último que hizo que se quedara algo más retrasado pero con un reprís se puso enseguida al cobijo de sus hermanos. Justo ahí un mozo fue arrollado con violencia. La carrera fue un sprint constante.
Tras cruzar el callejón de acceso a la plaza algunos toros cayeron pero no impidió que se conformara de nuevo la manada para entrar en los chiqueros perfectamente guiados por los cabestros y dobladores.
Una terna joven se enfrentará a la astifina corrida de Cebada: David Galván, Román -tan querido en esta plaza- y Manuel Diosleguarde.
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