La periodista y escritora Gloria Steinem, icono absoluto y pionera de la segunda ola del movimiento feminista, ha fallecido a los 92 años, según ha confirmado su familia a través de un comunicado en sus redes sociales. «Falleció en paz en su casa de Nueva York, rodeada de muchos de sus seres queridos. Sus casi cien años de vida fueron una vida plena, y siguió trabajando por la igualdad hasta el final», señala el escrito que anuncia el fallecimiento de la ganadora del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2021.
«Falleció en paz en su casa de Nueva York, rodeada de muchos de sus seres queridos», dice su familia en un comunicado
La periodista y escritora Gloria Steinem, icono absoluto y pionera de la segunda ola del movimiento feminista, ha fallecido a los 92 años, según ha confirmado su familia a través de un comunicado en sus redes sociales. «Falleció en paz en su casa de Nueva York, rodeada de muchos de sus seres queridos. Sus casi cien años de vida fueron una vida plena, y siguió trabajando por la igualdad hasta el final», señala el escrito que anuncia el fallecimiento de la ganadora del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2021.
Gloria Steinem tuvo una vida nómada desde sus principios, vivió en una caravana con sus padres porque su padre vendía antigüedades. La familia viajaba por todo Estados Unidos, especialmente durante los inviernos, y no fue escolarizada hasta los 10 años. Ella leía en la parte de atrás de esa caravana y bromeaba que precisamente con esos viajes aprendió a escuchar a todo tipo de gente. «El mayor don de Gloria era su capacidad para escuchar a los demás, para hacer que se sintieran comprendidos y escuchados. Sus palabras, acciones y ejemplo les daban a las personas la libertad de ser ellas mismas. Gloria vivió fiel a su espíritu independiente, siempre con curiosidad y un gran sentido del humor», recoge el comunicado de su familia.
También, tras el divorcio de sus padres, tuvo que hacerse cargo del cuidado de su madre, que sufría una grave enfermedad mental. Esa experiencia, al igual que la que mostraba el matrimonio de los años 50, donde las mujeres tenían que atender siempre a sus maridos, fue la que la llevó a rechazar el matrimonio hasta los 66 años cuando lo contrajo con el activista David Bale. Además en su juventud, tras salir de la universidad, también se enfrentó a un aborto, hecho de forma ilegal.
Fue una figura central en la segunda ola feminista, entre las décadas de los 60 y los 80, pero siguió estando vinculada al movimiento hasta su final. Su nombre tiene que aparecer al lado del de Betty Friedan, Kate Millett, Shirley Chisholm, Angela Davis o Audre Lorde. Más allá de su trabajo periodístico para publicaciones como Help!, New York Magazine -fue parte de su equipo fundador-, Esquire o The New York Times Magazine, Steinmen creó con Dorothy Pitman Hughes la revista Ms. Magazine. Cuando todas las revistas femeninas seguían hablando de belleza, hogar o maternidad, ella incluía entre los temas a tratar el aborto, la violencia doméstica, el acoso sexual o la discriminación política.
En plena década de los 70 llegaría uno de los momentos que marcaría su carrera: sus 11 días trabajando como conejita en el Playboy Club de Nueva York para investigar las condiciones laborales de esas mujeres para Huntington Hartford’s Show. Esa experiencia quedó recogida en «I Was a Playboy Bunny», incluido después en su libro Outrageous Acts and Everyday Rebellions, contando las largas jornadas y las escenas de explotación y acaso que vivían esas mujeres. Aunque el reportaje tuvo un éxito desmedido, también le supuso el cierre de algunas puertas para el periodismo político que ella quería experimentar. Un editor del New York Times Sunday Magazine le sugirió que se centrará más en los temas femeninos que en los políticos al ser una mujer joven, según se recoge en el National Women’s History Museum.
Estudió Gobierno en el Smith College, una carrera poco habitual entre las mujeres de la época, trabajó como directora de la Independent Research Service financiada por la CIA, fue la primera mujer en dar un discurso en el Club Nacional de Prensa criticando la composición masculina de las redacciones y creó junto a otras feministas el Caucus Político Nacional de Mujeres. El salón de su casa se convirtió además en un lugar de encuentro persistente para grandes figuras vinculadas al movimiento. «Pasó sus últimos años haciendo las dos cosas que más amaba: compartir con los demás y escribir. Recibió a cientos de personas en su sala de estar para los Círculos de Diálogo, una tradición que, según ella, continuará mucho después de su partida», recoge en comunicado.
En noviembre de 2013, Barack Obama le impuso la Medalla de la Libertad en la Casa Blanca, el máximo honor civil que otorga el Gobierno de Estados Unidos a personas que se han destacado por sus contribuciones a la seguridad nacional, la paz mundial, la cultura u otras iniciativas privadas o públicas. En 2021, ya con 87 años, fue reconocida con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades por «la independencia y el rigor» de sus seis décadas de activismo feminista y por convertirse en «referencia icónica esencial» y «motor de una de las grandes revoluciones de la sociedad contemporánea».
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