Robin Morgan, la intachable estrella infantil de las décadas de 1940 y 1950 que creció hasta convertirse en una auténtica radical estadounidense como poeta, ensayista, editora y feminista de la segunda ola, ha muerto. Tenía 85 años.
La escritora, que pasó de estrella infantil en la televisión de los años cincuenta a figura clave del feminismo radical de la segunda ola, falleció en Nueva York tras semanas de complicaciones de salud
Robin Morgan, la intachable estrella infantil de las décadas de 1940 y 1950 que creció hasta convertirse en una auténtica radical estadounidense como poeta, ensayista, editora y feminista de la segunda ola, ha muerto. Tenía 85 años.
Morgan, quien aún trabajaba en nuevos libros y poemas, falleció el sábado en Nueva York tras sufrir una serie de problemas de salud en las últimas semanas, según informó su hijo, Blake Morgan. Su fallecimiento ocurrió apenas unos días después de la muerte de su amiga íntima y compañera activista Gloria Steinem.
Durante los años sesenta y setenta, Morgan encarnó e inspiró cambios históricos en la forma en que las mujeres vivían y pensaban. Como solía recordar con agrado, quien fuera la antigua «chica estadounidense ideal» y la adorada «pequeña Robin Morgan» se transformó en una transgresora y defensora de la justicia con una notable lista de logros, además de antecedentes penales y un expediente en el FBI.
Morgan se situó en el centro de algunos de los momentos decisivos de lo que se denominó feminismo de la segunda ola, ampliando los logros conseguidos por las sufragistas medio siglo antes. En 1968, figuró entre las organizadoras de la primera protesta contra el certamen Miss América, donde junto a otras activistas arrojó sostenes (un hecho rápidamente mitificado como una quema) a un «Cubo de Basura de la Libertad». La antología de ensayos que editó en 1970, «Sisterhood is Powerful» (La hermandad es poderosa), se considera una de las obras esenciales del movimiento contemporáneo de mujeres.
Aun así, ella se consideraba ante todo una poeta y artista, faceta que nutría su activismo, según explicó su hijo:
«Era alguien capaz de tomar ideas monumentales y condensarlas con precisión, como una poeta, en unas pocas palabras», afirmó Blake Morgan, recordando frases suyas como «el odio generaliza, el amor especifica».
Su legado se construyó con hechos, palabras e imágenes. A Morgan se le atribuye ampliamente la creación del término inglés «herstory» (reinterpretación feminista de history) y la popularización del puño en alto inscrito en el símbolo de la mujer como emblema del movimiento de liberación. Su poema «Monster», con versos como «Deseo la revolución de las mujeres como a un amante / La anhelo con lujuria», se recitó en mítines feministas y otros foros. Asimismo, su poema «Arraignment» plasmó la reivindicación que el movimiento hizo de la fallecida Sylvia Plath y la condena a su esposo, el poeta Ted Hughes, a quien Morgan y otras voces responsabilizaban del suicidio de Plath en 1963. El pareado de Morgan «I accuse / Ted Hughes» inspiró el título del tema «J’Accuse Ted Hughes» de Sonic Youth.
Tildada de «ama de casa anarquista» en un informe gubernamental, Morgan desafió al poder establecido tanto en la izquierda como en la derecha. En 1970, ella y otros activistas fueron detenidos y encarcelados tras ocupar las oficinas de la editorial de vanguardia Grove Press, cuyo propietario, Barney Rosset, combatía la sindicalización de sus empleados. Ese mismo año, en su influyente ensayo «Goodbye to All That» (Adiós a todo eso), arremetió contra figuras activistas y libertinas que iban desde Abbie Hoffman y Hugh Hefner hasta Dave Dellinger y el grupo musical The Fugs:
«Adiós al movimiento por la paz dominado por hombres, donde el viejo y dulce tío Dave puede decirle impunemente a una redactora de la revista Liberation: ‘Tu problema es que eres una mujer agresiva'», escribió.
«Adiós a la idea de que Hugh Hefner es genial porque permite que los Conspiradores vayan a fiestas en la Mansión Playboy; adiós al sueño de Hefner de alcanzar una vejez dorada. Adiós a Tuli, a The Fugs y a todos los muchachos de la sala principal, que siempre supieron que odiaban a las mujeres que amaban. Adiós a la noción de que el bueno de Abbie es distinto de cualquier otra estrella de cine en ascenso que abandona a su primera esposa y a sus hijos: útiles para los viejos tiempos, pero incómodos en cuanto alcanzas el éxito».
En su vida privada, Morgan tuvo amantes masculinos y femeninos y estuvo casada durante más de dos décadas con el poeta gay Kenneth Pitchford, padre de su hijo, quien es músico, productor y fundador de una discográfica. En una ocasión describió su matrimonio como una «comuna de dos miembros» y fue tan reacia a las etiquetas que recordaba cómo recibía ataques de feministas que consideraban que debía declararse lesbiana y reprimendas de sectores conservadores que daban por hecho que lo era.
En sus memorias de 2001, «Saturday’s Child», expresó satisfacción y asombro por el rumbo de su vida y por haber conservado «un sentido del humor desgastado y un tanto surrealista».
Además de «Saturday’s Child», firmó más de una veintena de libros, entre ellos «The Word of a Woman: Feminist Dispatches» y los poemarios «Monster» y «Dark Matter». Tras «Sisterhood is Powerful», amplió la serie con «Sisterhood is Global» (1984) y «Sisterhood is Forever» (2002), en los que colaboraron personalidades como Simone de Beauvoir, Gloria Steinem y Eve Ensler. Durante varios años ocupó el cargo de redactora jefe de la revista Ms. Magazine.
Steinem la describiría como la colaboradora polivalente definitiva, dotada para casi cualquier tarea que exigiera un movimiento de protesta. Como organizadora, cofundó agrupaciones feministas de los sesenta como New York Radical Women y W.I.T.C.H. (Women’s International Terrorist Conspiracy from Hell). Militó en el Youth International Party (los «Yippies» de izquierdas liderados por Hoffman y Jerry Rubin), pero no tardó en distanciarse disgustada por el trato hacia las mujeres.
En 1984 puso en marcha uno de los primeros centros de pensamiento feministas, el Sisterhood Is Global Institute. En 2005, impulsó junto a Steinem y Jane Fonda el Women’s Media Center, cuya misión consiste en asegurar «la visibilidad, viabilidad y poder de decisión de mujeres y niñas en los medios».
En años recientes presentó un programa radiofónico de emisión nacional y siguió trabajando activamente pese a que hace 16 años le diagnosticaron párkinson, afección que inspiró varios de sus poemas y una conferencia TEDWomen en 2015.
En otra época, Morgan podría haber quedado como una estrella infantil olvidada. Nacida en 1941 en Lake Worth, Florida, y criada en Nueva York, creció sin conocer a su padre; su madre le aseguró falsamente que había muerto y además le restó un año de edad —afirmando que nació en 1942— para dotar de mayor notoriedad sus inicios profesionales.
A los 3 años ya trabajaba como modelo publicitaria, a los 5 conducía su propio espacio radial, «Little Robin Morgan», y por esas fechas participaba en el concurso radiofónico (más tarde televisivo) «Juvenile Jury». Entre 1949 y 1957 encarnó a uno de los personajes de la exitosa comedia familiar televisiva «Mama», compaginándola con actuaciones en «Robert Montgomery Presents» y «Kraft Theater», entre otros espacios.
Conoció a figuras de primer nivel como Abbott y Costello o Sal Mineo, y alcanzó una notoriedad tal que se fabricaron muñecas con su nombre. Las revistas la elogiaban por ser «educada», «sin resabios» y «la perfecta chica de al lado», libre de «estallidos violentos contra la sociedad establecida».
Sin embargo, tras las cámaras —y a veces frente a ellas— su mundo interior discrepaba de esa fachada. Su primer poema infantil formal se abría con el verso: «Ve, enfurécete, pasa el invierno del mundo con desesperación». Durante una emisión en directo de «Juvenile Jury», al plantearse si un niño merecía ser azotado, se esperaba que bromeara diciendo que usara relleno en los pantalones; en lugar de eso, afirmó con firmeza que todo castigo físico era inaceptable.
Según relató en «Saturday’s Child», el productor Dan Ehrenreich le apretó el hombro con tanta fuerza que Morgan sintió sus uñas clavándose en la piel, apartó el micrófono de un golpe y acabó cubriéndole la boca con la mano:
«Comprendí que amaba y respetaba a esa niña que se resistió en lo que considero el primer acto político que jamás me atreví a cometer», escribió Morgan.
Al final de su adolescencia comenzó a asistir a clases en la Universidad de Columbia, se matriculó en talleres literarios y abrazó la militancia política. Participó en las marchas por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam, tratando con artistas, activistas y poetas como W.H. Auden y Anthony Hecht, quien una vez le resumió la perspectiva masculina sobre la escritura: «Pero, querida, las mujeres deben ser poemas, no escribirlos».
En 1962 coincidió con Pitchford en una fiesta en Manhattan. Una vez que el resto de los asistentes («motoristas borrachos» y «bailarines drogados y alucinados del Joffrey») se marcharon y el anfitrión insistió en dejarlos a solas, Pitchford encendió unas velas, puso la sinfonía del «Nuevo Mundo» de Dvoák en el tocadiscos y se convirtió en su primer amante. Más tarde pasearon durante horas hasta sentarse en un banco de un parque del centro:
«Tienes un aura de posibilidad tan grande a tu alrededor, Robin», le dijo él. «Me hace creer que todo puede suceder».
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