Laure Prouvost se define a sí misma como «una de las partículas de un vasto todo, que vive y trabaja en la Eurosfera del Norte». La artista francesa (Croix, 1979) afincada en Bruselas, ganadora del prestigioso premio Turner en el 2013, ha cambiado el concepto de sí misma y de todo lo que la rodea tras sumergirse durante dos años en el mundo de la física cuántica, de la mano del científico Hartmut Neven y del filósofo Tobias Rees.
La megaestructura cinética de la artista, en la nave norte del imponente palacio, invita a reflexionar y a cruzar el puente entre ciencia y poesía
Laure Prouvost se define a sí misma como «una de las partículas de un vasto todo, que vive y trabaja en la Eurosfera del Norte». La artista francesa (Croix, 1979) afincada en Bruselas, ganadora del prestigioso premio Turner en el 2013, ha cambiado el concepto de sí misma y de todo lo que la rodea tras sumergirse durante dos años en el mundo de la física cuántica, de la mano del científico Hartmut Neven y del filósofo Tobias Rees.
«Vivimos aún en un mundo newtoniano, dode todo nos parece sólido y predecible, cuando en realidad todo son probabilidades más que certezas, todo cambia y todo está conectado. Somos la galaxia y estamos en el vientre de la ballena. Somos infinitamente pequeños e infinitamente grandes. Somos cuánticos. Todo es cuántico».
Todo lo aprendido estos dos años en su viaje al fondo de la energía y la materia lo ha volcado Laure Prouvost en Nous, frissons détoiles, una instalación en la nave norte del imponente Grand Palais que hace honor a su título y provoca escalofríos a quien se adentra en ella, pasando por un túnel de total oscuridad.
Deslumbramiento es lo que siente el visitante en cuanto se hace la luz y aparece en toda su espectacular dimensión The Beginning (El principio), una megaescultura cinética con seis brazos de tela blanca a modo de pétalos, que abarcan casi todo el espacio de la nave «a modo de presencia cuántica que siempre ha existido pero nunca ha sido visible».
El visitante se queda hipnóticamente prendado de los movimientos imprevisibles de esa estructura tiene también algo de pulpo vaporoso, frágil y sensible, invitando a los curiosos a explorar su interior, donde uno puede tumbarse a placer y contemplar la proyección en el techo de We felt a Star Dying, el fascinante vídeo realizado por encargo de LAS Art Foundation de Berlín con el que Laure Provoust nos invita a cruzar el puente entre la ciencia y la poesía…
«Después del Big Bang todo se volvió más intenso. Soñamos más allá de las estrellas que brillan a lo lejos. Una vida más allá de la vida (…) Cuando un rayo cósmico nos alcanza, nos hace temblar. Hipersensibles. Tan inestables».
Perder la noción del espacio, del tiempo y de la materia, ese el quizás el propósito de la instalación de Laure Provoust, que nos invita a completar la «inmersión» metiendo la cabeza en los «Cute bits» suspendidos del techo, algo así como meteoritos caídos del cielo que tienen la virtud de poner en danza todos nuestros sentidos. Una secuencia de ruidos «cuánticos», amplificados por el eco metálico y acristalado, contribuyen finalmente a esa sensación como de experiencia cósmica.
La instalación de Laure Prouvost es una de las grandes atracciones del Grand Palais, transformado durante el verano en la carpa cultural de París. «Este magnífico espacio ha sido de todo, de hospital de guerra hasta competiciones con caballos, en su largo siglo de vida», recordó la artista. «Lo único que faltaba era quizás esta invitación a percibir la realidad desde el punto de vista cuántico«.
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