<p>Javier Cercas, el escritor que animó al Gobierno de España a desclasificar los archivos del golpe de Estado de 1981, conversó este jueves por la mañana con los medios de comunicación para presentar una edición conmemorativa de su novela <i>Soldados de Salamina </i>(Random House), que en 2026 cumple 25 años y a la que se le atribuye más de un millón de lectores en todo el mundo. La conversación de Cercas con los medios tuvo dos partes: la más extensa fue la que explicó el impacto de <i>Soldados de Salamina </i>en la cultura española. La otra fue la que <strong>conectó al autor con la desclasificación de los archivos</strong>.</p>
El escritor, que animó al Gobierno a desclasificar los papeles del 23 F, asegura que el nuevo material no cambia en nada su interpretación de los hechos de 1981.
Javier Cercas, el escritor que animó al Gobierno de España a desclasificar los archivos del golpe de Estado de 1981, conversó este jueves por la mañana con los medios de comunicación para presentar una edición conmemorativa de su novela Soldados de Salamina (Random House), que en 2026 cumple 25 años y a la que se le atribuye más de un millón de lectores en todo el mundo. La conversación de Cercas con los medios tuvo dos partes: la segunda fue la que explicó el impacto de Soldados de Salamina en la cultura española. La primera, la que conectó al autor con la desclasificación de los archivos.
Cercas dio una única y larga explicación sobre la decisión del Gobierno y sobre las conclusiones de la desclasificación: «Os recuerdo cómo empieza esto. El 20 de noviembre ,[de 2025], en el Congreso de los Diputados se estrenó en Anatomía de un instante, la serie, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tuvo la amabilidad de asistir. Entonces, yo dije unas palabras que luego el presidente Sánchez recogió en un tuit. Yo le dije: ‘por favor, por favor, por favor, desclasifique todo lo que hay, por favor’. Le dije: ‘Mire, la interpretación del golpe no va a cambiar en nada esencial porque la verdad la sabemos y la sabemos desde hace bastante tiempo’. Disculpadme pero yo ya la conté en Anatomía de un instante. Me costó cuatro años de trabajo, 10 horas diarias. Le dije: ‘La verdad no va a cambiar. Aún así, los bulos, las bolas, los rumores, los secretos, los misterios, el enigma del 23-F va a seguir’. Porque es un negocio. Un negocio para periodistas, políticos, historiadores… Y hay que seguir con el negocio».
El escritor continuó con su relato: «No vamos a acabar con los bulos, no soy tan ingenuo, pero al menos tendrán un lugar menos al que agarrarse. El presidente me hizo caso. Yo estoy muy contento, muy feliz, no por mí, que también, sino por la democracia de este país. El presidente del Gobierno ha hecho un servicio a la democracia de este país. Lo tengo clarísimo».
¿Cuál es el resultado de la desclasificación? «Me vais a disculpar, detesto el autobombo, pero la realidad es que es el resultado es que lo que yo dije que iba a ocurrir. La mayoría de los papeles que se han desclasificado los conocíamos. O, disculpad, los conocía yo, y como podéis comprobar si leéis el libro, ahí está todo. Los cito o los uso. Los [archivos] más importantes estaban publicados, los que ocupan hoy las primeras páginas del periódico estaban publicados. La gente los da por nuevos, pero no son nuevos y yo los he usado en el libro.Y lo que no conocemos, lo que no había visto yo, que es una parte muy pequeña, no hacen más que confirmar lo que sabíamos. Por ejemplo, el dsocumento del PCE. El PCE estaba asustado porque había muchos bulos, estaba preocupado por la democracia, por lo que iba a pasar, porque había muchos bulos contra el Rey diciendo que el rey había montado el golpe. El bulo de que el Rey monta el golpe lo crea la ultraderecha antes del juicio. ¿Para qué? Por motivos obvios, para eximirse de responsabilidades. Por lo que lo han hecho siempre los golpistas, ‘Yo no hacía más que obedecer órdenes’. Ese bulo viene de la ultra derecha y por motivos no menos obvios, lo difunden la extrema izquierda y los secesionistas, no voy a explicar aquí por qué porque ya sois adultos, todos somos adultos».
«Hay cosas que no hace falta ni contar: que la mujer de Tejero dijo ‘le han dejado tirado como una colilla’. Esto estaba, estaba en la prensa. Esto se dijo mil veces. Lo del hombre del maletín, todas las grandes novedades, lo de los servicios secretos, todo estaba… Entonces, ¿qué hay? Nada. Si yo titulé un artículo de El País ‘El gran secreto sobre el golpe de Estado es que no hay ningún secreto’. ¿Esto significa que sabemos todo sobre el golpe de Estado del 23 de febrero? Obviamente no hay ningún acontecimiento de la historia de la humanidad del que se sepa todo, ninguno. Ahora: de este sabemos más que de cualquier otro, más que de cualquier otro día de la historia de España Yo sé que [lo contrario] sería mucho mejor para los periodistas. A veces la verdad es aburrida, pero vuestro oficio es contar la verdad y no inventar cosas. Un buen periodista es lo mejor que hay en el mundo y un mal periodista es lo peor que hay, como sabéis mejor que yo vosotros».
Más o menos, eso fue todo sobre el 23F. ¿Y sobre Soldados de Salamina? Pilar Reyes, la directora editorial de Random House contó la historia del libro, el texto de un escritor que enn 2001 tenía novelas pero no lectores y que recibió de su primera editora, Beatriz de Moura, una opinión muy clara: «Esta muy bien el libro pero no lo van a leer más que algunas personas de más de 70 años porque la Guerra Civil no le interesa al público, es un tema acabado». Tusquets, la editorial de De Moura, lanzó 6.000 ejemplares y parecieron muchísimos.
«¿Se equivocó Beatriz de Moura?», se preguntó Cercas. «No, se equivocaba. El movimiento para la recuperación de la memoria histórica no existía, la ley nació ocho o nueve años después. Hay una frase de un filósofo, dice que el éxito inesperado de un libro se debe a una conjunción azarosa entre las obsesiones privadas de un escritor y las necesidades públicas de una sociedad. Es obvio que ese libro vino a llenar una necesidad pública. Mi obsesión se cuenta en el libro. Yo me obsesioné con una imagen, un tío que salva una vida, un republicano que salva la vida de un jerarca fascista. Era una guerra civil y decidió salvarle la vida… ¿Las necesidades públicas de la sociedad? Es evidente que en 2001 la sociedad española necesitaba de algún modo recuperar su pasado, recuperar sobre todo la tradición republicana, que quiere decir la tradición demócrata. La República era la democracia».
«De eso habla Soldados de Salamina, de un chaval de treinta y tantos años como yo en aquel momento y que, como la inmensa mayoría de nosotros, que cree que esto de la Guerra Civil es tan remoto como la batalla de Salamina. Que esto ya ha pasado y que a mí que me cuentas y que esto es un coñazo y que nosotros lo que queremos ser es modernos, postmodernos, Tarantino, Almodóvar… Y, de repente, a medida que investiga un minúsculo episodio, completamente olvidado, se da cuenta de que no, de que el pasado está aquí todavía, de que ese pasado es una dimensión del presente sin la cual el presente está mutilado».
¿Cuál es la lectura de Soldados de Salamina en la gran guerra cultural de 2026? ¿Le encaja el reproche de equidistante? «Hombre, es que yo fui el equidistante», dijo Cercas. «Eeste libro ha pasado por todas las etapas. Primero fue una reivindicación de la República. Luego fue equidistante. Luego fue complaciente con los falangistas. Esto hay que explicarlo muy bien porque ya sé que da lugar a malentendidos, pero me da igual. La literatura de verdad es equidistante. Orson Welles decía que hay que darle a todos los personajes sus mejores razones. Shakespeare fue capaz que nos pusiéramos del lado del mayor canalla de la historia de la literatura universal, que es Ricardo III, un auténtico psicópata, y por momentos hasta te cae simpático. Eso es lo que hace la literatura, ese es el sentido de la literatura. La literatura es utilísima, Utilísima, la cosa más útil del mundo, siempre y cuando no se proponga a ser útil, porque entonces se convierte en propaganda o pedagogía y no hay lo peor que se puede hacer es escribir literatura propagandística o pedagógica, decirle al lector quiénes son los buenos y quiénes son los malos».
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