Hay escritores que construyen una obra y otros que, casi sin proponérselo, levantan un territorio moral propio. La escritora coreana Han Kang (Gwangju, 1970) pertenece a esta segunda estirpe, la de quienes escriben no tanto para contar el mundo como para someterlo a una forma de interrogación constante. Su llegada a Barcelona, en la antesala de Sant Jordi, -ayer ofreció una charla en el Centre de Cultura Contemporània (CCCB) en la que se arrancó incluso a saludar en catalán: «bona tarda a tothom»- tiene algo de acontecimiento silencioso, acorde con una autora cuya obra ha convertido la fragilidad, el dolor y la memoria en materiales de indagación literaria de primer orden.
La escritora surcoreana, que acaba de publicar en España ‘Tinta y sangre’, visita Barcelona para participar en las celebraciones Sant Jordi. «Me hace mucha ilusión este día, saber que hay una ciudad llena de gente que ama los libros»
Hay escritores que construyen una obra y otros que, casi sin proponérselo, levantan un territorio moral propio. La escritora coreana Han Kang (Gwangju, 1970) pertenece a esta segunda estirpe, la de quienes escriben no tanto para contar el mundo como para someterlo a una forma de interrogación constante. Su llegada a Barcelona, en la antesala de Sant Jordi, -ayer ofreció una charla en el Centre de Cultura Contemporània (CCCB) en la que se arrancó incluso a saludar en catalán: «bona tarda a tothom»- tiene algo de acontecimiento silencioso, acorde con una autora cuya obra ha convertido la fragilidad, el dolor y la memoria en materiales de indagación literaria de primer orden.
«Me han hablado sobre el día de Sant Jordi, lo conozco desde hace tiempo, y tengo muchas ganas de verlo con mis propios ojos», ha comenzado diciendo la escritora, que participará mañana en firmas y varios encuentros con lectores. «Los que amamos la literatura tenemos inevitablemente una parte silenciosa, creo yo, pero me emociona mucho saber que hay una ciudad llena de gente que ama los libros«, ha añadido.
De hecho, la escritora trabajó durante años como librera y ha defendido sin ambages la limportancia de los libros y la lectura. «Tanto amor tenía por la literatura que abrí una librería, eso lo dice todo, ¿no?», asegura. «Siempre me fascinó el concepto de escritor, cómo alguien se lanza a responder preguntas, a cuestionarse qué es ser humano y escribir con eso obras preciosas», recuerda la autora, que confiesa que ya de pequeña supo «que quería ser como ellos, parte de esa comunidad«.
En este sentido, Han ha afirmado que el veloz mundo actual puede ser un enemigo. «En nuestro día a día, muchas veces estamos muy ocupados y no tenemos tiempo para leer, ¿verdad?», ha preguntado. «Pero cuando dejamos de leer, nos volvemos más inflexibles, menos humanos. No leer limita nuestros sentimientos, hace la vida más gris. Cuando estoy un tiempo sin leer, intento esforzarme y hacerlo para poder recuperar todos esos sentimientos que quizás haya perdido por no haber leído durante un tiempo», ha explicado.
La concesión del Premio Nobel en 2024 no ha alterado sustancialmente la naturaleza de su literatura, la escritura como forma de resistencia íntima dedicada a responder preguntas difíciles, pero sí ha desplazado su centro de gravedad, lo que durante años fue un secreto a voces, una de las prosas más radicales y precisas de la narrativa contemporánea, ha pasado a ocupar un primer plano inevitable.
Sin embargo, en Han no hay épica del reconocimiento. Su escritura sigue instalada en ese lugar incómodo donde el lenguaje parece avanzar a tientas, como si cada frase midiera el alcance de lo que puede, y no puede, decirse. «A pesar de haber recibido ese galardón, tan importante y tan valioso, nada de mí por dentro ha cambiado y vivo diariamente con los mismos pensamientos y las mismas sensaciones internas que antes de recibir el Nobel», ha apuintado con sencillez.
«Si hay algo que ha cambiado», ha concedido», es que cuando voy por la calle la gente de repente me habla o de repente me quiere abrazar. Entonces me sorprendo un poco y estoy un poco confusa, pero sé que lo hacen con buenas intenciones», ha asegurado con cierta vergüenza. «Pero como para mí, al final y al cabo, son personas que desconozco. Es como un mundo nuevo para mí, ¿no? Pero sigo igual, sigo escribiendo, sigo viviendo».
Pausada y sonriente, la escritora ha charlado también sobre su último libro publicado en España, Tinta y sangre (Random House, como toda su obra), novela escrita entre sus dos grandes obras y publicada originalmente en 2010, en la que la autora surcoreana explora cómo podemos sobrevivir en un cosmos regido por el dolor, recurriendo al arte, la memoria, los afectos y la búsqueda de la verdad. «Resumiendo, diría que hablaría sobre una mujer que dedica toda su vida a descubrir y poder probar que la muerte de su amiga, que era casi como una hermana de sangre para ella, no fue un suicidio», ha condensado Han.
«Por eso tiene un toque de misterio, detectivesco, como un thriller, aunque no sigue las pautas tradicionales. Al fin y al cabo, esta novela trata principalmente del amor«, ha confesado. «A pesar de estar llena de los sufrimientos y aflicciones que todos podemos tener a lo largo de nuestra vida, la idea era demostrar que aún así merece la pena vivir. Quería transmitir ese mensaje, por eso creo que es una novela llena de amor», afirma. Y ante las risas del público, dice: «se están riendo, ¿es porque no están de acuerdo?«, bromea.
Más allá de este nuevo-viejo título, desde la irrupción internacional que supuso La vegetariana, con la que obtuvo el Booker International, hasta títulos posteriores como La clase de griego oImposible decir adiós, la escritura de Han ha ido perfilando una poética reconocible, atenta al cuerpo como territorio de conflicto, al lenguaje como límite y a la violencia como una presencia que rara vez se manifiesta de forma directa, pero que condiciona la vida cotidiana de manera persistente.
Pero reducirla a esos temas sería empobrecerla, pues lo verdaderamente distintivo en su obra es la forma en que esa materia se traduce en una prosa que rehúye el énfasis, que avanza con una claridad engañosa y que, en su aparente serenidad, contiene una tensión difícil de disipar. Nacida en Gwangju, ciudad marcada por la violencia de la represión militar que atraviesa de forma explícita libros como Actos humanos, Han Kang ha construido una obra en la que la experiencia histórica y la percepción individual se entrelazan sin jerarquías, dando lugar a una narrativa que no busca tanto explicar el trauma como hacerlo perceptible en su complejidad y en sus zonas de sombra.
«Todo humano vive en este mundo con un cuerpo físico, y pienso que eso es un elemento muy importante en nuestras vidas, por lo que cuando estoy escribiendo le doy mucha importancia a los sentidos», ha explicado la escritora aobre su forma de narrar. «Cuando describo lo que están sintiendo los personajes, intento sentirlo yo también con mi propio cuerpo, a piel viva, para poder describirlo más detalladamente. En lugar de escribir ‘estuvo ansioso o estuvo angustiado’, me gusta poder transmitir las corrientes eléctricas que todos realmente sentimos al tener esas sensaciones».
Además de la plasticidad de su escritura, hay algo, en última instancia, profundamente contemporáneo en la forma de narrar de Han, pero no en el sentido epidérmico del término, sino en su capacidad para captar una sensibilidad atravesada por la fragilidad, el duelo y la necesidad de sentido. Que esa voz resuene ahora en Barcelona no responde tanto a la lógica de la actualidad como a la persistencia de una obra que, sin hacer ruido, ha ido ocupando un lugar central en la literatura de nuestro tiempo.
De hecho, ha confesado en la charla que prepara una nueva novela, aunque no ha querido contar mucho. «Si hablo demasiado, la magia desaparece, así que no le voy a contar los detalles. Pero estoy escribiendo un libro bastante personal. De una manera u otra sería el libro más personal que habré escrito, pues habla de mi familia«, ha desgranado con cautela, antes de confesar: «Cada vez que estoy escribiéndolo siempre tengo ese pensamiento de ‘¿podré terminar el libro, completarlo del todo?‘. Pero también siempre tengo la esperanza de que sí, que lo podré acabar y que será exitoso para mí», ha revelado.
A la espera de este próximo título, para el lector español que ha seguido su trayectoria desde hace años, la visita de Han tiene algo de confirmación de una de las voces más singulares de la narrativa contemporánea global, pero también oportunidad para volver sobre unos libros que, leídos hoy, a la luz de su reconocimiento internacional, revelan con mayor nitidez la consistencia de un proyecto literario ajeno a modas y a simplificaciones. En un tiempo particularmente dado a la estridencia, su escritura persiste, con una firmeza discreta, en la exploración de aquello que se resiste a ser dicho.
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