No me extraña que se haya hecho viral el trend de subir a las redes sociales una foto llorando a la salida de La bola negra, porque, la verdad, hacía mucho tiempo que no veía el cine lleno de clínex. Yo iba preparada, pero aun así lo dejé todo perdido. E imagino que algo parecido le ha pasado a Boyero para que hasta él haya dicho que la película posee algo conmovedor.
Han dicho los Javis que es una película antifascista (y lo es), pero lo es porque combate al fascismo desde dentro
No me extraña que se haya hecho viral el trend de subir a las redes sociales una foto llorando a la salida de La bola negra, porque, la verdad, hacía mucho tiempo que no veía el cine lleno de clínex. Yo iba preparada, pero aun así lo dejé todo perdido. E imagino que algo parecido le ha pasado a Boyero para que hasta él haya dicho que la película posee algo conmovedor.
Han dicho los Javis que es una película antifascista (y lo es), pero lo es porque combate al fascismo desde dentro. La película se mete de lleno en el bando franquista y los Javis consiguen hacer magia ahí: que los personajes duden, se emocionen, tengan gestos de ternura. Hay muchísimos aciertos en La bola negra, pero quizá este sea el más emocionante: que hayan encontrado la grieta por la que, como decía Cohen, se cuela la luz. «Me pusieron un fúsil y me mandaron para aquí», dice el personaje de Guitarricadelafuente mostrando el sinsentido de todo.
Hasta La bola negra, a mí la imagen que más me había conmovido de una película de la Guerra Civil era ese final de La lengua de las mariposas, donde el niño Moncho empieza a apedrear a su maestro republicano mientras se lo llevan para fusilarle. Quien no se rompa con esa escena es porque no está vivo. Nadie puede odiar ni al niño Moncho ni al profesor Gregorio. De la misma manera que nadie puede odiar a ninguno de los dos personajes protagonistas de La bola negra, Rafael y Sebastián que, aunque son enemigos, solo desean amarse.
Parece que los Javis y Alberto Conejero nos dijeran en esta película que la muerte y el armario son lo mismo. Lo hacen recordando, por supuesto, el asesinato de Lorca por maricón, pero también mostrando a personajes que se quedaron dentro de su armario y murieron en vida. La nieve es la muerte simbólica de todos.
En una de las citas más celebradas, el personaje de Penélope Cruz, la cupletista, dice: «El transformismo es la fantasía de la posibilidad; la guerra es todo lo contrario». Y esta es una película transformista, porque está llena de posibilidades. La de que existiera un Sebastián y un último acto de ternura para Rafael Rodríguez Rapún; la de que existiera la obra completa de Lorca; la de que la historia hubiese sido otra.
La película es sublime, pero además es un ejercicio emocionantísimo de reparación y una catarsis colectiva. Yo creo que si de algo sirve la ficción es para hacer justicia poética. Para que lo que la Historia (con mayúsculas) nos robó, que nos sea devuelto en el cine. Para no dejar que se mueran nunca del todo.
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