<p>Hay muchos animales en los 17 relatos de <i>Volverán como fuego </i>(Random House), de Ayesha L. Rubio, pero ninguno sale tanto como la serpiente. «En las culturas nativas norteamericanas, la serpiente es transformación y avance. <strong>Impulsa a las personas adelante</strong>. En el cristianismo, la serpiente significa lo contrario: es el pecado, el mal. Las serpientes aparecen mucho en este libro y es una decisión consciente. Guían a los personajes en las dos direcciones, los ayudan a avanzar y los paralizan», dice Rubio, ilustradora, autora de literatura infantil y narradora debutante para el público adulto.</p>
Los relatos de ‘Volverán como fuego’ retratan la eterna rueda de los migrantes en América del Norte.
Hay muchos animales en los 17 relatos de Volverán como fuego (Random House), de Ayesha L. Rubio, pero ninguno sale tanto como la serpiente. «En las culturas nativas norteamericanas, la serpiente es transformación y avance. Impulsa a las personas adelante. En el cristianismo, la serpiente significa lo contrario: es el pecado, el mal. Las serpientes aparecen mucho en este libro y es una decisión consciente. Guían a los personajes en las dos direcciones, los ayudan a avanzar y los paralizan», dice Rubio, ilustradora, autora de literatura infantil y narradora debutante para el público adulto.
Sus relatos tratan de Estados Unidos y están hilados por sus paisajes y sus habitantes, no por sus animales, pero empiezan y terminan con dos fábulas de coyotes, cuervos, tortugas y serpientes, sí, que hablan con los dioses, que asisten a la llegada de los hombres a América y que al final los ven partir en un avión. En medio, Rubio construye un collage de personajes condenados a un destino común: llegan, intentan arraigarse pero no lo consiguen, intentan irse pero no encuentran la manera y se desesperan, como si esa fuera la esencia desdichada de EEUU: marcharse o arder, como decía la canción.
«Siempre hay gente que se está marchando en el libro. Fue así desde que escribí el primer relato viajando de Los Ángeles a Tucson. Quería que Volverán como fuego fuera un viaje circular, el viaje eterno de un migrante marcado por el desarraigo, por la búsqueda de un lugar donde establecerse y al que llamar hogar. En la primera parte del libro, los personajes llegan, en la segunda parte conviven con otras personas que no encuentran su sitio. En la última parte, aparecen atrapados por una sociedad que los rechaza y sienten la necesidad de huir», dice Rubio.
Volverán como fuego es un conjunto lleno de serpientes, tormentas y olores, o sea, de simbolismos; también es un texto hiperrealista, lleno de topónimos y de marcas comerciales y, a la vez, remite a canciones de Buddy Holly, Ella Fitzgerald, Nirvana y Tom Waits… y a mil clichés de la cultura popular estadounidense que aparecen aquí como imágenes expresionistas. «Hay hiperrealismo y hay fábula, hay un espíritu de tradición oral, de imaginarios que vienen de las culturas nativas y de la religión cristiana», cuenta Rubio. ¿Y todas esas imágenes que parecen sacadas de la MTV de los años 90? «He tenido en mis ojos desde pequeña ese imaginario estadounidense. Viví allí y descubrí que el imaginario existe, que es real. Parece que estás dentro del set de una película. Las carreteras en las que te estalla una tormenta… Eso me pasó camino de Wisconsin. Pensé: madre mía, aquí el cielo es tan inmenso y parece tan cerca que expresa el sentimiento religioso que hay en el Midwest. Y, a la vez, daba la sensación de que había una serpiente bajo tierra, vigilando».
¿De dónde viene un libro así? «Pasé tres años en Oregón, aunque también tenía unos amigos que eran mi familia en Arizona. Cuando volví a España, tuve una necesidad muy fuerte de reflexionar sobre sobre esos años y sobre la migración. ¿Qué conclusión saqué? El desarraigo fue la idea que me quedé. Y el contraste entre cómo viven las personas allí. No hay mucho sentido de clase media. La primera vez que estuve, viajé dos meses, por la Costa Oeste. Era la camapaña de Trump y Hillary Clinton. En San Francisco, en una estación de autobuses, había una pantalla. Apareció Trump en la imagen y una señora sin hogar se puso a insultarle. Pensé que era imposible que aquel hombre ganara. Sigo sin entender cómo se ha llegado hasta aquí… Ahora he vuelto a Madrid tras un montón de años. Y por primera vez en mi vida siento que estoy echando raíces».
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