Hay personajes cuya mera presencia justifica, si no un festival entero, sí parte de él. Cate Blanchett (Melbourne, 1969) es, sin duda, uno de ellos. A la australiana dos veces ganadora del Oscar la hemos visto de todos los modos posibles y siempre bien. Ha sido la reina Isabel de Inglaterra, Katherine Hepburn, Bob Dylan y hasta Galadriel, la elfa eterna. También, no se olvide, fue Jasmine, Carol y Tár. Lástima que se truncase el sueño de verla encarnar la voz de Lucia Berlin en el proyecto de Almodóvar a vueltas con Manual para mujeres de la limpieza.
La actriz oficia una masterclass en el Festival de Cannes para denunciar el maltrato y silencio al que se somete todavía al movimiento Me Too
Hay personajes cuya mera presencia justifica, si no un festival entero, sí parte de él. Cate Blanchett (Melbourne, 1969) es, sin duda, uno de ellos. A la australiana dos veces ganadora del Oscar la hemos visto de todos los modos posibles y siempre bien. Ha sido la reina Isabel de Inglaterra, Katherine Hepburn, Bob Dylan y hasta Galadriel, la elfa eterna. También, no se olvide, fue Jasmine, Carol y Tár. Lástima que se truncase el sueño de verla encarnar la voz de Lucia Berlin en el proyecto de Almodóvar a vueltas con Manual para mujeres de la limpieza.
En Cannes, donde todavía no tiene premio, presentó El aviador en 2008 y, para dejar claro cómo se encontraba cuando la llamó Martin Scorsese para el papel que le daría su primera estatuilla, dijo: «Shitting bricks«. Es decir, literalmente «cagando piedras». Y, de manera figurada, muerta de miedo. Luego, con el correr del tiempo, fue presidenta del jurado cannois en 2018 y, fiel a su vocación por la claridad expresiva, fue la encargada de denunciar el machismo de un certamen que en su larga historia hasta ese preciso instante había contado con 1.866 directores y, atentos, solo 82 directoras. El machismo tenía una cifra: 4%. Para la ocasión, exactamente 82 mujeres se juntaron sobre la alfombra roja como 82 aullidos.
Pues bien, este domingo la actriz se volvió a subir al escenario, ahora simplemente como docente decente, para repasar su carrera, reflexionar sobre el futuro de su oficio y, lo más relevante, dejar alto y claro ante el auditorio de una abarrotada sala Debussy que las cosas desde entonces no han cambiado tanto. «El movimiento Me Too fue aniquilado muy rápidamente», dijo, apenas el tema se puso sobre la mesa. Y siguió: «Hay muchas personas con altavoz público que podrían hablar con relativa seguridad y decir: ‘Esto me ha pasado a mí’. Y ya no lo hacen. Y es una lástima, porque hay aún muchas mujeres que podrían sumarse a la denuncia. Las cosas siguen estando mal y sigue habiendo abusos. La pregunta que hay que hacerse es por qué se silencia». Pausa. «Lo que [el movimiento] reveló es una actitud sistémica de abuso, no solo en esta industria sino en todas las capas de la sociedad. Y si no se identifica un problema, no se puede resolver».
Para la actriz es incompatible el mutismo que ahora mismo recorre los medios sobre el asunto con la realidad que, dijo, experimenta y pisa todos los días. Según la australiana, poco o nada ha cambiado desde que el Me Too inundara titulares, animara protestas e hiciera arder editoriales. «Hago recuento de personal todos los días en los platós que piso diariamente y sigo viendo lo mismo que veía hace décadas… Apenas encuentro a 10 mujeres entre cerca de 75 hombres. Y eso es así cada mañana, día tras día, da lo mismo el lugar del mundo en el que me encuentre», dijo. Y añadió: «Me encantan los hombres, cuidado, pero no puedo más. Sus chistes se han vuelto demasiado repetitivos. No es solo injusta la situación que vivimos, además es profundamente aburrida. Y eso, se quiera o no, afecta al resultado del trabajo».
La marcha de mujeres que encabezó durante su presidencia fue secundada por nombres como los de Agnès Vada, Kristen Stewart, Léa Seydoux y Ava DuVernay. En su momento, ocupó todo tipo de titulares y parecía, por la repercusión que tuvo la imagen, que ya no habría vuelta atrás. Pues lo hay. Sin ir más lejos, este mismo año en la veintena larga de película a competición solo hay cinco directoras.
«Las mujeres no somos una minoría en el mundo, pero la situación actual de la industria indica lo contrario», fue lo que dijo entonces la misma Blanchett que ahora comparece. «Como mujeres, todas afrontamos nuestros propios retos, pero hoy nos reunimos en estas escaleras como símbolo de nuestra determinación y compromiso con el progreso. Somos guionistas, productoras, directoras, actrices, directoras de fotografía, agentes de talentos, editoras, distribuidoras, agentes de ventas y todas las personas involucradas en las artes cinematográficas», leyó a modo de manifiesto y todo indica que el viento hizo el resto y se llevó consigo todas y cada una de las palabras.
Shitting bricks. Y no de miedo.
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