El Banco Central de Costa Rica (BCCR) anticipa que el fenómeno El Niño-Oscilación Sur (ENOS) tendrá efectos más allá de la producción agropecuaria, con posibles impactos en la generación eléctrica y en los costos de los hogares y las empresas.
La advertencia aparece en el Informe de Política Monetaria de julio de 2026, publicado ayer, 30 de julio.
“El Niño en Costa Rica es un fenómeno muy complejo”, comentó Róger Madrigal, presidente del Banco Central, tras la presentación del informe.
Un fenómeno desigual
El efecto previsto no será igual en todo el país.
“En algunas partes del país lleva excesos de agua, mata los pastos, los pudre. En otras partes del país es un faltante de agua”, explico Madrigal.
El informe, que basa su análisis en proyecciones del Instituto Meteorológico Nacional (IMN), prevé lluvias por debajo del promedio histórico en la costa del Pacífico, Upala, Los Chiles, Guatuso y el Valle Central, con reducciones de 60% en el Pacífico Norte y de 40% en las otras regiones.
En contraste, la vertiente del Caribe y el resto de la Zona Norte tendrían lluvias por encima del promedio histórico, con aumentos entre 10% y 15%.
También proyecta un aumento generalizado de la temperatura media en el país.

Agro bajo presión
El primer impacto sería sobre el agro, donde las altas temperaturas y el déficit hídrico afectarían directamente la actividad, según el Banco Central.
Por eso, la entidad revisó a la baja sus predicciones de crecimiento agropecuario para 2026 y 2027.
“Ese faltante de agua reduce la productividad por hectárea de una gran cantidad de cultivos”, dijo Madrigal.
El informe proyecta un efecto negativo en los cultivos de piña y café, porque la mayoría de su producción se ubica en zonas donde se espera escasez de lluvias, mientras el aumento de temperaturas podría favorecer la propagación de hongos y enfermedades.
La ganadería enfrentaría otro frente de presión por la menor disponibilidad de pasto y agua. Ese escenario puede reducir productividad y elevar costos operativos.
“La actividad ganadera de engorde y de leche tiene afectaciones”, afirmó Madrigal.
El efecto menos evidente
El impacto de El Niño no se queda en los cultivos. Madrigal puso el foco en un efecto menos evidente para la economía costarricense: la electricidad.
“Lo que no es necesariamente intuitivo es lo que pasa con la producción de electricidad”, dijo.
Si baja el nivel de agua en las cuencas, también puede reducirse la capacidad de generación hidroeléctrica.
Pero la demanda eléctrica no necesariamente baja. “De hecho la demanda aumenta”, señaló Madrigal.
En ese escenario, el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) tendría que recurrir más a generación térmica.
“La generación térmica es básicamente quemar combustible y a partir del calor generar electricidad”, explicó.
Ese cambio puede coincidir con hidrocarburos más caros y trasladarse al precio de la electricidad.
Según Madrigal, eso “probablemente llega a un mayor precio de la electricidad”.

Costos para hogares y empresas
El Banco Central vincula ese escenario con posibles presiones sobre los precios.
El informe advierte que “una consecuencia de este choque negativo en la oferta podría ser el aumento de la inflación”.
El riesgo pasa por dos vías.
El primero es la producción de alimentos: si el clima reduce rendimientos agrícolas o eleva costos en el campo, puede aumentar la presión sobre precios agropecuarios.
El segundo es la electricidad: un mayor uso de generación térmica puede encarecer costos para hogares, comercios e industrias.
Madrigal resumió ese efecto como un impacto sobre el gasto de los consumidores y los costos de producción de las empresas.
De fuerte a muy fuerte
Según los datos del Instituto Meteorológico Nacional (IMN), utilizados por el Banco Central, Costa Rica se encuentra desde junio en una etapa de El Niño con intensidad “Fuerte”, condición que se extendería hasta setiembre de este año.
Luego, el fenómeno pasaría a una etapa “Muy Fuerte” entre octubre de 2026 y febrero de 2027.
Hacia marzo y abril de 2027 retornaría a la categoría “Fuerte”.
El Banco Central afirma que esos efectos ya fueron incorporados en sus proyecciones de producción e inflación.
El Informe de julio estima que la economía costarricense crecerá 3,4% en 2026 y 3,5% en 2027.
Ambas cifras son una décima menores que las previstas en abril.
En el caso agropecuario, el informe prevé una contracción en 2027, explicada en mayor medida por los efectos potenciales de ENOS y por mayores costos de producción.
La magnitud final dependerá de cómo evolucione el fenómeno.
“Yo considero que a medida que pasa el tiempo vamos a tener una mejor información y una mejor percepción de lo que significa El Niño para Costa Rica”, dijo Madrigal.
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Altas temperaturas y déficit hídrico incidirán sobre producción y costos
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El Banco Central de Costa Rica (BCCR) anticipa que el fenómeno El Niño-Oscilación Sur (ENOS) tendrá efectos más allá de la producción agropecuaria, con posibles impactos en la generación eléctrica y en los costos de los hogares y las empresas.
La advertencia aparece en el Informe de Política Monetaria de julio de 2026, publicado ayer, 30 de julio.
“El Niño en Costa Rica es un fenómeno muy complejo”, comentó Róger Madrigal, presidente del Banco Central, tras la presentación del informe.
Un fenómeno desigual
El efecto previsto no será igual en todo el país.
“En algunas partes del país lleva excesos de agua, mata los pastos, los pudre. En otras partes del país es un faltante de agua”, explico Madrigal.
El informe, que basa su análisis en proyecciones del Instituto Meteorológico Nacional (IMN), prevé lluvias por debajo del promedio histórico en la costa del Pacífico, Upala, Los Chiles, Guatuso y el Valle Central, con reducciones de 60% en el Pacífico Norte y de 40% en las otras regiones.
En contraste, la vertiente del Caribe y el resto de la Zona Norte tendrían lluvias por encima del promedio histórico, con aumentos entre 10% y 15%.
También proyecta un aumento generalizado de la temperatura media en el país.

Agro bajo presión
El primer impacto sería sobre el agro, donde las altas temperaturas y el déficit hídrico afectarían directamente la actividad, según el Banco Central.
Por eso, la entidad revisó a la baja sus predicciones de crecimiento agropecuario para 2026 y 2027.
“Ese faltante de agua reduce la productividad por hectárea de una gran cantidad de cultivos”, dijo Madrigal.
El informe proyecta un efecto negativo en los cultivos de piña y café, porque la mayoría de su producción se ubica en zonas donde se espera escasez de lluvias, mientras el aumento de temperaturas podría favorecer la propagación de hongos y enfermedades.
La ganadería enfrentaría otro frente de presión por la menor disponibilidad de pasto y agua. Ese escenario puede reducir productividad y elevar costos operativos.
“La actividad ganadera de engorde y de leche tiene afectaciones”, afirmó Madrigal.
El efecto menos evidente
El impacto de El Niño no se queda en los cultivos. Madrigal puso el foco en un efecto menos evidente para la economía costarricense: la electricidad.
“Lo que no es necesariamente intuitivo es lo que pasa con la producción de electricidad”, dijo.
Si baja el nivel de agua en las cuencas, también puede reducirse la capacidad de generación hidroeléctrica.
Pero la demanda eléctrica no necesariamente baja. “De hecho la demanda aumenta”, señaló Madrigal.
En ese escenario, el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) tendría que recurrir más a generación térmica.
“La generación térmica es básicamente quemar combustible y a partir del calor generar electricidad”, explicó.
Ese cambio puede coincidir con hidrocarburos más caros y trasladarse al precio de la electricidad.
Según Madrigal, eso “probablemente llega a un mayor precio de la electricidad”.

Costos para hogares y empresas
El Banco Central vincula ese escenario con posibles presiones sobre los precios.
El informe advierte que “una consecuencia de este choque negativo en la oferta podría ser el aumento de la inflación”.
El riesgo pasa por dos vías.
El primero es la producción de alimentos: si el clima reduce rendimientos agrícolas o eleva costos en el campo, puede aumentar la presión sobre precios agropecuarios.
El segundo es la electricidad: un mayor uso de generación térmica puede encarecer costos para hogares, comercios e industrias.
Madrigal resumió ese efecto como un impacto sobre el gasto de los consumidores y los costos de producción de las empresas.
De fuerte a muy fuerte
Según los datos del Instituto Meteorológico Nacional (IMN), utilizados por el Banco Central, Costa Rica se encuentra desde junio en una etapa de El Niño con intensidad “Fuerte”, condición que se extendería hasta setiembre de este año.
Luego, el fenómeno pasaría a una etapa “Muy Fuerte” entre octubre de 2026 y febrero de 2027.
Hacia marzo y abril de 2027 retornaría a la categoría “Fuerte”.
El Banco Central afirma que esos efectos ya fueron incorporados en sus proyecciones de producción e inflación.
El Informe de julio estima que la economía costarricense crecerá 3,4% en 2026 y 3,5% en 2027.
Ambas cifras son una décima menores que las previstas en abril.
En el caso agropecuario, el informe prevé una contracción en 2027, explicada en mayor medida por los efectos potenciales de ENOS y por mayores costos de producción.
La magnitud final dependerá de cómo evolucione el fenómeno.
“Yo considero que a medida que pasa el tiempo vamos a tener una mejor información y una mejor percepción de lo que significa El Niño para Costa Rica”, dijo Madrigal.
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