Antonio Pagudo (Baza, 1977) estará todo el verano de gira por España interpretando una versión moderna del ‘Ubú’ de Alfred Jarry, ese tirano grotesco, populista, absurdo y patético que los políticos se han empeñado en mantener vigente desde hace más de un siglo. El actor granadino, tras tantos años disfrutando del éxito masivo de ‘La que se avecina’, disfruta ahora de un regreso a los orígenes con la ventaja de estar absolutamente consolidado.
‘La que se avecina’ convirtió al actor teatral en estrella, pero ha vuelto a su origen y lo disfruta: «En esta carrera hay que saber estar y saber desaparecer para volver a aparecer»
Antonio Pagudo (Baza, 1977) estará todo el verano de gira por España interpretando una versión moderna del ‘Ubú’ de Alfred Jarry, ese tirano grotesco, populista, absurdo y patético que los políticos se han empeñado en mantener vigente desde hace más de un siglo. El actor granadino, tras tantos años disfrutando del éxito masivo de ‘La que se avecina’, disfruta ahora de un regreso a los orígenes con la ventaja de estar absolutamente consolidado.
- Lo que era una farsa en ‘Ubú Rey’ se ha convertido en un retrato realista.
- Los políticos se han empeñado en meternos a todos en ese lío y adoptar los códigos y las formas de contar las cosas de los comediantes, así que ahora les estamos dando un poquito su merecido. ‘Ubú’ es un clásico, precursor del Teatro del Absurdo y fundacional de la patafísica, con muchísimos seguidores. Nosotros hemos toqueteado un poco la obra original, pero no ha sido necesario hacer grandes cambios para acercarla a lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Si acaso, el lenguaje, pero la actualidad tiene tantos elementos del Teatro del Absurdo que asusta.
- Es un personaje que exige perder cualquier pudor y sentido del ridículo.
- Sí, pero como de cintura para abajo todos somos iguales, lo que intento hacer es acercarme al personaje a través de las cosas que me unen a él para humanizarlo y acercarlo al espectador. Si nos quedamos sólo con lo malo cuando hablamos de personajes que cambian la historia, dominan el mundo y todos sufrimos las consecuencias de sus actos, no saldría nada atractivo para el espectador ni para el ciudadano. Somos humanos, todos vamos al baño y todos lloramos.
- ¿Imaginas a muchos líderes políticos actuales llorando?
- Pues seguro que hasta Donald Trump lo pasa mal y hay veces que piensa que no tenía que haber actuado así. Quizás me equivoqué, pero me gusta cambiar la cara a lo que vemos. Creo que esa seguridad que nos muestran públicamente esas personas poderosas siempre esconde debilidades y esa es la parte realmente interesante de ellos. Lo que pasa es que ahora siempre estamos fijándonos en lo peor del resto y poniéndonos de mala hostia. Eso me preocupa.
- ¿Hemos perdido la capacidad de reírnos de las cosas?
- Sí y es un error porque la risa es sanadora. Nos lleva a soltar nuestras preocupaciones y nuestros anhelos. No se le da a la risa la importancia que tiene y nos instalamos a vivir en la crítica y en estar continuamente enfadados. Perdemos de vista las cosas positivas y acabamos por no hacer lo que todos, como seres humanos, deberíamos estar centrados en lograr: mirar lo que tenemos alrededor e intentar hacerlo un poquito mejor. ¿No tienes la sensación de que la ironía se ha perdido?
- La literalidad reina.
- Totalmente y creo que eso no nos beneficia como sociedad. Este tipo de espectáculos reivindican el humor inteligente y el derecho a pasarlo bien durante una hora y media. La reflexión viene luego, tomándose tranquilamente una cerveza o cenando. Es cuando, como ecos, nos empiezan a venir frases del espectáculo que son muy potentes y muy aplicables a la actualidad, desde los políticos, a la obsesión con la viralidad, al pasarnos la vida googleando.
- Tras tantísimos años en una de las series más populares de España, ¿te has tenido que reinventar volviendo a tu origen, el teatro?
- Claro. Yo me acerqué a la interpretación a través del teatro. Estudié Arte Dramático en la especialidad de gesto en la RESAD de Madrid. Inmediatamente empecé a trabajar con la compañía Yllana y, de repente, apareció el audiovisual sin apenas buscarlo. Empecé a disfrutar de él y tuve la suerte de clavar uno de los personajes de una de las series más longevas e icónicas, un papel que está muy presente en la calle. Eso es lo que me permite hoy liderar un proyecto como ‘Ubú’, que es un orgullo. Eso es una maravilla y sé que viene, en parte, del éxito televisivo.
- O sea, que no eres de los que se quejan de que un personaje les persigue.
- Qué va, un trabajo así es una bendición. Todos esos años siendo Javi Maroto me han habilitado para poder hacer un Don Juan en Alcalá o un Shakespeare en Mérida gracias a la repercusión que ha podido tener y al cariño que me guarda la gente. No hay que renegar nunca de los trabajos que te han dado éxito, dinero, libertad y más trabajo. Imagínate que Chaplin te dijera que no quiere hacer más lo del bastoncito y el gorrito. Sería muy poco inteligente.
- Existe cierto recelo cultureta hacia el actor que se da a conocer en una serie popular.
- Totalmente, pero es más fuera de la profesión que dentro. Cuando has conseguido conectar tanto con la gente, algo has hecho bien. Además, hay que contemplar esto como una carrera de fondo. Recuerdo que, cuando estuve en ‘Cuéntame’, Imanol Arias siempre nos decía que esto es muy largo, hay que saber estar y hay que saber desaparecer para volver a aparecer. Así que a mí no me genera ningún conflicto hablar de ‘La que se avecina’ y que me sigan preguntando por ello. Es algo de lo que estoy orgulloso porque si durante 11 años y 156 capítulos pude estar defendiendo un personaje es que hice un buen trabajo.
- ¿Y por qué saliste de la serie?
- Porque llegó el momento y no es un drama. Siempre he afrontado esta profesión como una alegría. Se cumplió una etapa y llegaron otras maravillosas. Volví a enganchar con el teatro, me acerqué al cine y no echo de menos aquello. Me muevo mucho por instinto. Cuando me llega una propuesta, no miro sólo cómo va a salirme económicamente, también lo que me nutre a mí y a dónde me puede llevar. Estoy en un momento en el que se me valora para hacer muchas cosas que me molan y voy a intentar aprovechar el tirón para hacer todos los grandes personajes que pueda.
- Surfear la ola buena.
- Sí, porque también me he comido las malas y en cualquier momento pueden volver. Para mí, el mayor lujo de esta situación es poder elegir si los miedos y las preocupaciones de otras épocas más flojas. La clave es mantener tu cabeza sana, pensar que cuando cambias de escenario no es malo y ser consecuente contigo mismo. Sobre todo, no rallarte. Por ejemplo, yo estoy rozando los 50, pero no los aparento y entiendo que, aunque me encantaría, no puedo empeñarme en interpretar papeles de mi edad cuando ni siquiera yo mismo me veo así en el espejo. Ya llegarán.
- Es gracioso porque suele pasar lo contrario: actores de 50 haciendo los mismos personajes que con 30.
- [Risas] Totalmente. Lo suyo sería ir avanzando con tu edad, pero a mí esta profesión me mantiene joven, activo y me quita años, aunque ya lo noto en mi cuerpo. No tanto en la mente porque vuelvo a sentirme como un niño jugando.
- Para llevar tantos años en el primer plano, se sabe muy poco sobre ti fuera del plano puramente profesional. ¿Te has escondido a plena vista?
- Es más fácil de lo que parece [risas]. Es que las pocas veces que me ha tocado un pico de atención no me he sentido cómodo. Por ejemplo, hace poco me pasó en el festival de Málaga algo que nunca había pensado que me pudiera pasar. Acababa de llegar a la clausura, iba a entregar un premio, estaba muy contento de estar allí y en la alfombra roja me enteré de la muerte de Gemma Cuervo, con la que trabajé tantos años, cuando un periodista me preguntó. Me bloqueé y mi reacción se convirtió en objeto de debate. Que si bien, que si mal, que si muy frío, que si es un falso… En realidad, es el momento en el que más yo mismo he sido delante de una cámara porque no había ni un atisbo de personaje. Fue algo completamente visceral, unas declaraciones absurdas que no nacían de una reflexión sino de todos los sentimientos que se me agolpaban y se lio.
- ¿Te afectó mucho?
- Sólo pensaba que, por favor, esto no me pase más. Fue alucinante porque durante la tarde me empezaron a decir que el vídeo llevaba 2 millones de reproducciones y todas esas cosas. No daba crédito a lo que estaba sucediendo. Ya no solo el shock de la muerte de una amiga, sino el juicio que se me estaba haciendo en redes. No me gusta ese juego y por eso me he mantenido al margen todo lo que he podido.
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