<p><strong>Ana Belén</strong> (Madrid, 1951) es un tótem de la cultura española desde hace 60 años. Sin embargo, llevaba 10 sin hacer cine y 22 desde su último papel protagonista en la gran pantalla. Ese dislate se soluciona ahora con<strong> ‘Islas’</strong>, ya en las salas, donde se exhibe como una actriz crepuscular que le permite jugar a ser la diva que podría ser y no es.<br></p>
Regresa al cine después de 10 años, justo cuando la etapa de España de la que es emblema pasa revista. «La democracia la logró la ciudadanía», reivindica
Ana Belén (Madrid, 1951) es un tótem de la cultura española desde hace 60 años. Sin embargo, llevaba 10 sin hacer cine y 22 desde su último papel protagonista en la gran pantalla. Ese dislate se soluciona ahora con ‘Islas’, ya en las salas, donde se exhibe como una actriz crepuscular que le permite jugar a ser la diva que podría ser y no es.
- ¿Cómo se explica tanto tiempo sin hacer cine? ¿Qué ha pasado?
- No ha surgido… Vamos, que no me han ofrecido muchos proyectos. Esa es la realidad. He estado con la música y mucho teatro, pero el cine se había olvidado un poco de mí y no se ha dado. Entras en una dinámica que tú misma asumes que ya no haces cine y punto, no pasa nada, empiezas a ni darte cuenta de todo el tiempo que ha pasado. La verdad es que cuando llegó el guión de Marina [Seresesky, directora de ‘Islas’] me sorprendió y me encantó a partes iguales.
- ¿Te has sentido olvidada, entonces?
- Bueno, he sentido que se ha dado un proceso natural y tengo que aceptarlo. En estos años han salido cantidad de directores y, al fin, directoras, que son de otra generación y quieren contar sus historias con actores de su generación. Es muy lógico. No tengo ningún reproche en absoluto. Entiendo ese olvido como algo normal. De hecho, cuando me han llamado, y alguna propuesta he tenido, he pensado: «Tampoco es necesario que yo esté ahí. Lo puede hacer otra actriz». Te juro que no ha habido ni revancha ni rencor por mi parte. Es todo mucho más sencillo.
- Es refrescante escuchar a una leyenda asumir así ese cambio.
- Es que, además, yo he hecho películas que han tenido mucho éxito y, luego, la siguiente ha sido un fracaso. Es decir, que relativizas tu importancia y te vas haciendo a estas cosas. Es importantísimo entender esto, en serio. Yo también fui una actriz generacional en los 80 y trabajé con los directores fundamentales de aquella época, por eso entiendo que ahora les toca a otras. Es tan lógico… En esta profesión hay que ser muy humilde y muy generoso. Son dos cosas básicas.
- Pero hay mucha competitividad entre actores.
- A ver, es una profesión muy inestable y esa inestabilidad sí empuja, en determinados momentos de una carrera, a ser egoísta y a defender tu pequeño territorio, pero de verdad creo que no es tan habitual. Yo he tenido la suerte de trabajar con muchos más compañeros generosos, que cuando aparecían en el rodaje eran luz. Eso es fantástico y lo que más valoro.
- ¿Te han entrado nervios tras tanto tiempo?
- Muchos, muchos, pero eso me sigue pasando igual antes de cada concierto. Dudo mucho cuando la gente dice: «No, yo llego, me pongo delante de la cámara como si nada y ya está». No es que desconfíe de esos actores, es que me admiran y me dan envidia porque yo soy todo lo contrario. Soy insegura crónica. Lo era de niña, de joven, ahora y así moriré.
- Interpretas a una Norma Desmond a la española, una diva decadente en conflicto con su pasado.
- Sí, solo que, claro, ella era Gloria Swanson en una película de Hollywood y esto es una cosa más doméstica [risas]. Me ha resultado un personaje reconocible, ¿sabes? No porque haya estado al lado de una actriz así, pero ha habido comportamientos un tanto conflictivos que he visto y vivido a lo largo de mi carrera.
- ¿Pero no en ti? Porque decadente, obviamente no, ¿pero ramalazos de diva tampoco tienes?
- Sinceramente, no. Nunca he estado alejada de la realidad, nunca lo he querido, ni siquiera en los momentos de más éxito. Me gusta estar cerca de la gente, me gusta tocar y abrazar. Quita, quita. No, no, nada de divismos.
- Teniendo en cuenta que llevas siendo una celebridad desde los 14 años, se hubiera podido entender un poco.
- Ya, pero yo eso de la fama no lo pienso, no lo siento y casi no lo noto. A ver, cuando voy a comprar a unos grandes almacenes, siento que me miran, pero a mí me han mirado siempre con mucho respeto y mucha discreción. No sé por qué, pero he tenido esa suerte. Me hace gracia que, cuando alguien se me acerca, siempre me habla muy bajito [Ana Belén susurra]: «Hola, perdona, ya sabemos que estás con tus cosas, pero ¿nos podemos hacer una foto?» [risas]. Y yo siempre digo: «Sí, pero en este rinconcito para que no nos vean mucho». La gente es amable.
- ¿No has querido desaparecer nunca?
- ¿Pero dónde me voy? Cuando hacemos escapadas a un país donde no nos conoce es fantástico porque puedo hacer tonterías por la calle, pero tampoco me siento incómoda habitualmente aquí.
- ¿Esperabas algo más de chicha en los documentos del 23-F?
- A estas alturas ya se habían contado muchas cosas y, probablemente, hay cosas que nunca sabremos. Mi sensación siempre ha sido que los que estaban resguardando todos esos papeles y comunicaciones eran los que venían del franquismo, que el resto iba a salir bien parado, y así ha sido
- Sale reforzada la Transición ahora que se discute tanto. ¿Cómo la valoras tú?
- Se hizo lo que se tenía y se podía hacer, pero no nos engañemos, en la Transición murió mucha gente. No fueron los mundos de Yupi, ojo. La Transición se hizo porque hubo mucha gente que cada día salía a la calle a reivindicar pequeñas cosas y esas pequeñas cosas son las que lograron que este país cambiase. Eso lo consiguió la gente normal, la ciudadanía. Yo sí lo recuerdo como una gran explosión de libertad, pero no perdamos de vista que la Transición fue muy dura, muy difícil y muy costosa.
- Tú te has mantenido firme en la izquierda, pero muchos de tu generación han ido virando. Felipe González ya ha dicho que no va a votar al PSOE.
- Bueno, yo es que nunca fui de Felipe porque nunca voté al PSOE en toda aquella época, yo votaba al PCE. De todos modos, me da pena escucharle ahora. Supongo que él leerá esto y dirá: «¿Y a mí qué más me da lo que diga esta?». No sé, allá cada uno mientras se mantengan en valores democráticos. Justo para eso luchamos tanto.
- ¿Te decepciona o te gusta la España que somos 50 años después?
- No estamos tan mal, lo creo sinceramente. Lo que pasa es que hay un movimiento, no solamente en este país, de auge de la extrema derecha que es feo y peligroso. Ahí hay unos que mueven los hilos económicos y van poniendo dinero donde saben que lo tienen que poner para sus intereses, que no son los del pueblo. Entonces, eso sí me inquieta mucho, pero, joder, en este país no estamos nada mal. Las cifras macroeconómicas son muy buenas y hay que mejorar algunas cosas en las microeconómicas para que cada vez más gente pueda vivir mejor. También ahí se ha mejorado, pero aún queda trabajo.
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