El nombre de Tupac Shakur nunca se fue de la escena artística estadounidense. Casi tres décadas después de su asesinato con tan solo 25 años, su voz, sus letras y su figura siguen resonando en generaciones de artistas y seguidores que lo convirtieron en uno de los grandes íconos de la historia del hip hop.
Casi tres décadas después de su asesinato, el legado del rapero revive en Las Vegas con el juicio que podría resolver uno de los mayores enigmas de la música
El nombre de Tupac Shakur nunca se fue de la escena artística estadounidense. Casi tres décadas después de su asesinato con tan solo 25 años, su voz, sus letras y su figura siguen resonando en generaciones de artistas y seguidores que lo convirtieron en uno de los grandes íconos de la historia del hip hop.
En los últimos días, su nombre ha vuelto a ocupar los titulares por una razón distinta a su legado musical: esta semana comenzó en Las Vegas el juicio contra Duane ‘Keffe D’ Davis, el único hombre acusado hasta ahora por su asesinato, un proceso que podría arrojar nueva luz sobre uno de los crímenes más célebres y enigmáticos de la música.
Su historia estuvo marcada desde la cuna por el activismo: su madre, Afeni Shakur, militante de las Panteras Negras, fue absuelta del caso de conspiración ‘Panther 21’ estando embarazada de él. Lo nombró en homenaje al líder indígena peruano Túpac Amaru II, ejecutado por rebelarse contra el dominio colonial español.
Aunque nació en Nueva York en 1971, el autor de California Love se convirtió en uno de los máximos exponentes del hip hop de la Costa Oeste de EE. UU.
Se formó en teatro, poesía y ballet en Maryland, pero las dificultades económicas familiares lo llevaron, en 1988, al área de la Bahía de San Francisco, donde se adentró de lleno en la escena de California, primero como bailarín y después como rapero del grupo Digital Underground, con quienes debutó.
A finales de los 80, la Costa Oeste se consolidó como una fuerza propia dentro de la industria del hip hop de la mano del gangsta rap, un subgénero centrado en narrar de forma cruda y sin filtros los estilos de vida, la cultura y las realidades de las pandillas y los vecindarios marginales de Los Ángeles.
En ese ambiente, Shakur encontró un espacio para reinventarse: lanzó en 1991 su primer álbum en solitario, 2Pacalypse Now, y dos años después consolidó su carrera como solista con Strictly 4 My N.I.G.G.A.Z.
Nunca abandonó del todo la conciencia social en su música; sin embargo, fue adoptando los códigos del gangsta rap. En 1995 se volcó en este estilo al firmar con Death Row Records, el sello de Suge Knight.
Shakur destacó por su capacidad para fusionar la vulnerabilidad emocional, la crítica política y la crudeza del gangsta rap. Marcó un hito con All Eyez on Me, considerado el primer álbum doble de hip hop de un artista en solitario, y, pese a su corta vida, se consolidó como uno de los raperos más prolíficos de su generación, con una obra que siguió creciendo después de su muerte.
Su alianza con Knight selló la etapa más exitosa de su carrera, pero también la más oscura y conflictiva: Shakur se acercó al mundo delictivo callejero, puesto que el entorno del sello estaba fuertemente vinculado a los Mob Piru, facción afiliada a los Bloods.
La rivalidad de costas se personificó, sobre todo, en el enfrentamiento entre Shakur y su antiguo amigo The Notorious B.I.G., estandarte de Bad Boy Records (de Sean ‘Diddy’ Combs) en Nueva York, sello que solía emplear como personal de seguridad a miembros de la pandilla rival, los Crips.
La amistad se rompió en 1994, después de que Shakur sobreviviera a un tiroteo en un estudio de grabación neoyorquino y acusara públicamente a Biggie y Combs, algo que ambos siempre negaron.
La disputa escaló en 1996 con Hit ‘Em Up, un tema en el que Shakur atacaba directamente a Biggie y que se convirtió en la banda sonora de una contienda que terminaría por marcar su propio destino: apenas unos meses después, el 7 de septiembre de ese año, fue mortalmente baleado en Las Vegas.
La investigación por la muerte de Shakur quedó estancada durante años. Orlando Anderson, sobrino de Davis y señalado como el presunto tirador, murió en 1998 en un tiroteo no relacionado, sin haber llegado a ser acusado formalmente.
Sin embargo, la indagación cobró un nuevo impulso a raíz de las propias confesiones del hoy acusado, quien habló abiertamente de su papel en el crimen, primero en entrevistas y después en su libro de memorias Compton Street Legend (2019).
El juicio contra Davis busca esclarecer su presunta participación en el asesinato, un proceso del que se espera que dé claridad sobre un crimen que permaneció durante décadas rodeado de teorías conspirativas y preguntas sin respuesta.
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