Samuel Navalón se alzó con la victoria de un novedoso cartel de jóvenes valores y a las 22.34 de la noche salía a hombros triunfante. Pudo acompañarle Marco Pérez, víctima de un agravio comparativo que lo frenó en una oreja. Víctor Hernández fue el peor parado. La corrida de José Juan Fraile resultó un caramelo envenenado, nada fácil para estar delante. Una difícil prueba.
El valenciano sale a hombros con el impulso de una presidencia que no midió con la misma vara a Marco Pérez, que cortó una oreja; complicada corrida de José Juan Fraile
Samuel Navalón se alzó con la victoria de un novedoso cartel de jóvenes valores y a las 22.34 de la noche salía a hombros triunfante. Pudo acompañarle Marco Pérez, víctima de un agravio comparativo que lo frenó en una oreja. Víctor Hernández fue el peor parado. La corrida de José Juan Fraile resultó un caramelo envenenado, nada fácil para estar delante. Una difícil prueba.
El envío de Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto -1.º y 6.º- enamoró por hechuras más en su segunda parte que en la desigual primera para, finalmente, ser también muy desigual en su juego: mucho movimiento, muy sueltas las caras, escasa la entrega. Más de venirse que de irse. Destacaron 2º y 3ºcon sus matices. Casi todos tuvieron principios prometedores antes de cambiar a peor. Nada fácil, ya digo.
Víctor Hernández derrochó una seguridad pasmosa en los albores de la tarde con un toro de La Ventana que generaba todo menos eso: embistió muy mal a los capotes, como reparado de la vista, viniéndose por dentro por el pitón izquierdo y abriéndose por el contrario. Fue un derroche de mansedumbre huérfana de fijeza, tan mirón. Y se escupió de caballo a caballo. Víctor Hache contó con el acierto de cogerlo muy de cerca, no dudarle, esperarlo con asiento y torearlo limpio, con su sello. Bien, pero su ineficacia con la espada anuló el más que posible premio.
A las 20.45, la espada precisamente disparó -estocada y descabello- la faena de Samuel Navalón hasta las dos orejas, impensables hasta ese momento. Navalón había estado inteligente -lo es- para hallar la media distancia y potenciar la virtud obediente del toro de Puerto de San Lorenzo entre un matorral de defectos no insalvables: faltaba humillación -por pura morfología, tan alto-, faltaba poder y se venía muy recto. De hecho, no se sabe cuántas veces golpeó a Navalón con los cuartos traseros. Puede que únicamente saliese incólume del inmenso pase de pecho con el que cerró las apretadísimas bernadinas de despedida.
Media hora después, a las 21.15, la presidencia, tan generosa con el valenciano, estuvo tacaña con el salmantino Marco Pérez. O todos o ninguno. Pérez es -guste más o guste menos- el joven de la generación del relevo que más revalorizado ha salido de San Isidro… Listo, rápido, técnicamente impecable, se metió en una larga faena con un toro de mejor embroque que final. Tendía a soltarse de la muleta; el quid de la cuestión consistía en no soltarlo. El salmantino lo consiguió con tino, principalmente por la mano derecha, logrando los momentos álgidos desde que metió a la gente en la faena con los ayudados de apertura de rodillas. Lo mató perfecto. Una sola oreja.
No arropó tampoco la suerte a Víctor Hernández con un guapo y muy descompuesto cuarto, tan desordenado de movimientos y de alocada mansedumbre. Dicho esto, la lidia brilló por su ausencia -esa cuadrilla- y, pese a los indudables deseos a piñón fijo de Hernández, las ideas no fluyeron. Un barullo en terrenos poco convenientes. Alicante agradeció su entrega ante la incierta papeleta con una ovación.
A las 22.13, Samuel Navalón resopló cuando rodó el incombustible quinto, un toro que de inicio parecía que podía ser el de la corrida. Pero, caray, pegó un cambio increíble. Navalón, que había arrancado tan notablemente, se encontró de pronto envuelto en aquel incesante y correoso celo, casi siempre perdiendo la acción. Muy complejo todo.
Ya metidos en la noche, el último toro no sacó a la corrida de Puerto de San Lorenzo y La Ventana de una sensación extraña. Más movimiento en falso, desfondándose pronto. Marco quiso mucho, logró poco y, al final, le pidieron la oreja para compensar el agravio. Quedó en eso, en la intentona. Eran las 22.30.
Plaza de Alicante. Domingo, 21 de junio de 2026. Tercera de feria. Casi 6.000 personas. Toros del Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto (1º y 6º); más hechurados los tres últimos; se movieron mucho y se entregaron poco; muy sueltas las caras; destacaron 2º y 3º con sus matices.
Víctor Hernández, de azul pavo y oro. Estocada tendida y atravesada, estocada rinconera y descabello (saludos); estocada corta y varios descabellos. Aviso (saludos).
Samuel Navalón, de sangre de toro y oro. Espadazo y descabello (dos orejas); pinchazo, estocada caída (saludos).
Marco Pérez, de malva y oro. Estocada. Aviso (oreja y fuerte petición); pinchazo, estocada y descabello (petición y saludos).
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