<p>El pasado sábado fallecía la gran <a href=»https://www.elmundo.es/cultura/cine/2026/03/14/69b5956efc6c83b50c8b4584.html»><strong>Gemma Cuervo</strong></a>. Dos días más tarde, el genial <a href=»https://www.elmundo.es/cultura/cine/2026/03/17/69b97675e4d4d8a16a8b4595.html»><strong>Santiago Segura </strong></a>estrenaba en la Gran Vía madrileña y en olor de multitudes la nueva entrega de su <i><strong>Torrente</strong></i>. Ambos acontecimientos, de muy distinta índole, me han llevado a comprobar y a tener la certeza absoluta de que la vida siempre nos obsequia con regalos. Que la vida también es muy generosa. Es decir, que a pesar de los avatares y las adversidades que siempre están omnipresentes en la existencia de cualquier ser humano, ésta, y a todos por igual, quiero pensar que nos regala momentos, experiencias o situaciones que no dejan de ser auténticos detallazos que jamás olvidaremos.</p>
La vida me regaló a Gemma Cuervo y Chus Lampreave, dos ancianas maravillosamente divinas
El pasado sábado fallecía la gran Gemma Cuervo. Dos días más tarde, el genial Santiago Segura estrenaba en la Gran Vía madrileña y en olor de multitudes la nueva entrega de su Torrente. Ambos acontecimientos, de muy distinta índole, me han llevado a comprobar y a tener la certeza absoluta de que la vida siempre nos obsequia con regalos. Que la vida también es muy generosa. Es decir, que a pesar de los avatares y las adversidades que siempre están omnipresentes en la existencia de cualquier ser humano, ésta, y a todos por igual, quiero pensar que nos regala momentos, experiencias o situaciones que no dejan de ser auténticos detallazos que jamás olvidaremos.
Eso me pasó con Gemma Cuervo. La vida me la regaló. Ha sido total conocerla y convertirme en un amiguito cercano en sus últimos años. Es un regalazo estar al lado de una grande y, además, trabajar con ella. Una mujer guapa a rabiar, elegante, con clase dentro y fuera de escena que hizo de su profesión su vida. Hasta el final. Lo pude comprobar durante más de tres meses de ensayo y rodaje en un convento de Palma del Río donde, junto a otras luminarias, nos reencarnamos en monjas muy peculiares en la película La reina del convento. A pesar de sentirme como un intruso en la profesión, ella me quitó esa idea de la cabeza tratándome como a uno más y ayudándome en todo momento. Fue un lujo ver cómo llegaba al set con el texto aprendido, sin dejar lugar a la improvisación, y contemplar su guion perfectamente subrayado con los pies de frases que daba a sus compañeros. Sus problemas respiratorios jamás pudieron con sus risas y carcajadas.
Por eso, gracias a la vida.
Lo mismo me pasó con Santiago Segura. Otro regalo de la vida que, a su vez, me regaló el poder convertirme en chulo gótico de la también imprescindible Chus Lampreave en Torrente 5. ¿Se puede ser más afortunado? Enfundado en un pantalón pitillo negro compartí escena con esta gran actriz que interpretaba su texto, escrito por ella misma en letras gigantescas a modo de autocue, con una soltura y estilo que solo ella tenía. A pesar de sus problemas de visión. Esos folios, a día de hoy, forman parte de mis tesoros más preciados.
Esos dos regalos están protagonizados por personas mayores. Por ancianas, como se dice vulgarmente. Ancianas maravillosamente divinas y estupendas que han sido genio y figura hasta la sepultura. Reivindico la vejez bien llevada y entendida. Y exijo respeto a nuestros mayores, entre otras cosas, porque quiero llegar a ser mayor y que, cuando llegue el momento, se me respete. Aunque esté a años luz de estas dos grandes señoras.
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