<p>En el cielo del Golfo Pérsico, con el <i>skyline </i>de los rascacielos que iluminan la bahía de Doha, 700 drones dibujan versos en árabe e inglés. También se proyectan sobre la piedra caliza del impresionante <strong>Museo de Arte Islámico</strong>, el icónico y único edificio que <strong>Ieoh Ming Pei</strong>, el arquitecto de la pirámide del Louvre, diseñó en Oriente Medio. El espectacular <i>show </i>de luces de la artista estadounidense <strong>Jenny Holzer</strong> actúa como la antorcha olímpica que da inicio a unos Juegos, pero estos son artísticos: <strong>la todopoderosa feria Art Basel inaugura sede en Doha</strong>.</p>
David Beckham y Angelina Jolie se dejan ver en la inauguración de la mayor feria de arte contemporáneo, que abre sucursal en Doha mientras Qatar aspira a consolidarse como la capital del arte en Oriente Medio
En el cielo del Golfo Pérsico, con el skyline de los rascacielos que iluminan la bahía de Doha, 700 drones dibujan versos en árabe e inglés. También se proyectan sobre la piedra caliza del impresionante Museo de Arte Islámico, el icónico y único edificio que Ieoh Ming Pei, el arquitecto de la pirámide del Louvre, diseñó en Oriente Medio. El espectacular show de luces de la artista estadounidense Jenny Holzer actúa como la antorcha olímpica que da inicio a unos Juegos, pero estos son artísticos: la todopoderosa feria Art Basel inaugura sede en Doha.
«¿Sientes enfado si sufro?», es uno de los versos escogidos entre los poemas del palestino Mahmoud Darwish -que murió en el exilio- y de Nujoom Alghanem, nacida en Dubái. Una frase que recuerda a la Gaza destruida o a la cruenta represión de los ciudadanos iraníes por parte del régimen del ayatolá Jamenei. Entonces, aparece un sonriente David Beckham entre el público y casi parece una performance, pero no: desde el controvertido Mundial de Qatar, en 2022, el ex futbolista es el embajador turístico para animar a visitar el país.
La pieza lumínica de Holzer se repite cada noche durante la semana arty de Art Basel, en la que Doha se llena -aun más- de instalaciones artísticas. Y de estrellas inesperadas, como Angelina Jolie, que apareció brevemente en el primer día de la feria con un elegante vestido blanco de toque oriental, similar a una abaya.
Que Art Basel haya aterrizado en el Emirato es parte de la estrategia de Qatar Museums, la institución que preside la jequesa Sheikha al Mayassa, conocida como la princesa del arte, la gran impulsora de la expansión cultural del país. En pleno centro de Doha, Art Basel Qatar se extiende alrededor del nuevísimo barrio de Msheireb, concebido como una mezcla de arquitectura internacional inspirada en la herencia qatarí, aunque se sienta como la zona financiera de Manhattan, Milán o Singapur. Aquí están los hoteles de lujo -el Mandarin, el Park Hyatt-, los almacenes Harrod’s o marcas que van de Versace a Google. En las calles, como en la feria, predominan los extranjeros, que se mezclan con los qatarís vestidos con sus túnicas blancas (thawb) y las mujeres con abaya negra, la mayoría con velo y muchas con niqab (que solo permite ver sus ojos).
Art Basel empieza en el edificio del Doha Design District, que no es más que un lujoso centro comercial, y continúa en el M7, un hub para emprendedores locales de moda, diseño y tecnología. Aquí se despliegan 87 galerías de 31 países que presentan a 84 artistas, la mitad de la región de Oriente Medio, Norte de África y Sur de Asia (MENASA por sus siglas en inglés), el nuevo mercado emergente del arte en el que irrumpe Art Basel como «catalizador», en palabras de su CEO, Noah Horowitz. «No es una réplica de las otras ferias de Basilea, Miami, París o Hong Kong, sino que refleja la extraordinaria ambición cultural del país, sus inversiones a largo plazo en las artes y su hospitalidad de clase mundial», añade Horowitz.
¿Y cómo es una feria marca Basel en el Golfo? Con la sempiterna estética de white cube, absolutamente internacional pero con artistas sorprendentes que suelen estar poco representados, como la egipcia Souad Abdelrasoul, que con su potente obra denuncia la opresión de la mujer en el Islam más radical, con significativos títulos como El sacrifico de la mujer está prohibido. ¿Hay política en la feria? Sí, incluso más de lo esperado, como los mensajes antidictatoriales de la india Shilpa Gupta (Las mentiras se convierten en ley, Arrestad a los manifestantes, etc.) o la serie Contra el muro de la sudafricana Marlene Dumas, un grito a favor de Palestina, causa que cuenta con el apoyo y simpatía del Emirato. Ni rastro de la represión en Irán, eso sí.
También hay feminismo, como el de la libanesa Mona Hatoum (su Espejo son barrotes de acero y su Biombo está hecho de alambre de espino). A veces, algunos carteles del baño del Doha Design Center podrían interpretarse como un mensaje político-feminista por la confusión que genera su diseño (al menos, para los occidentales): a primera vista solo se ven dos figuras con vestido, la diferencia está en el tocado de ellos y el velo de ellas. Si hay una ausencia en Art Basel es la de obras de temática homosexual -sí hay artistas LGBTI-, que suele estar ampliamente representada en bienales y museos.
«Posiblemente nosotros seamos de los más políticos», señala Mira Bernabéu, director de Mira Madrid, una de las pocas galerías españolas que participa en Art Basel mientras en España la mayoría han echado el cierre durante una semana para protestar por el IVA al 21%. En su stand muestra una serie histórica de los años 70 de la artista turca Nil Yalter sobre las durísimas condiciones de los inmigrantes hacinados en chabolas en París, que no se diferencian de los arrabales de Estambul.
«Aquí venimos a vender, pero falta que los potenciales coleccionistas quieran comprar arte en vez de un coche. Hasta que no llegue el último día aún soy escéptico…», así de franco se muestra Mira. Justo delante está Sabrina Amrani, que desde que abrió su primera galería en Madrid viene apostando por artistas del norte de África, como la saudí Manal AlDowayan. «Doha y Dubái se complementan muy bien. En Doha han apostado por construir un fuerte tejido de museos, mientras que Dubái es un hub financiero para los coleccionistas», compara Amrani, una habitual de las ferias internacionales.
Como en todas las Art Basel, aquí se barajan cifras astronómicas: que si 14,5 millones de dólares por un lienzo de Philip Guston (amigo de Pollock, un rebelde abstracto) en Hauser & Wirth, informa Artnet; o 3,8 millones por un cuadro Matthew Wong, el artista que se suicidó a los 35 años y es presentado como el nuevo Van Gogh. Hay lienzos de Picasso, Basquiat, Alex Katz… Son de los que más interés despiertan entre los coleccionistas de Oriente Medio. Pero habrá que esperar al cierre de la feria para ver si prefieren el Basquiat al coche de lujo.
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