<p>Cuánto trauma hace falta para que llegues a confundir las bombas con la lluvia? ¿Y cuánto trauma hace falta para que llegue a parecerte gracioso?». Con esta crudeza <strong>Plestia Alaqad</strong> (Gaza, 2001), narra su día a día en la Franja de Gaza. La frase aparece en los primeros capítulos de su libro,<i> Los ojos de Gaza, un diario de resiliencia</i> (Debate), en el que relata sin tapujos sus vivencias bajo el asedio; desde el primer bombardeo en 2021 hasta el alto en fuego de enero de 2025.</p>
La periodista palestina publica ‘Los ojos de Gaza. Un diario de resiliencia’, donde no intenta explicar su país sino dejar constancia de lo que vive
Cuánto trauma hace falta para que llegues a confundir las bombas con la lluvia? ¿Y cuánto trauma hace falta para que llegue a parecerte gracioso?». Con esta crudeza Plestia Alaqad (Gaza, 2001), narra su día a día en la Franja de Gaza. La frase aparece en los primeros capítulos de su libro, Los ojos de Gaza, un diario de resiliencia (Debate), en el que relata sin tapujos sus vivencias bajo el asedio; desde el primer bombardeo en 2021 hasta el alto en fuego de enero de 2025.
Alaqad, nacida y criada en Palestina, habla desde el otro lado de la pantalla con una mezcla de cansancio y lucidez que no necesita adornos. Bajo un alto el fuego frágil, Gaza languidece: sin reconstrucción real, bajo bloqueo persistente, con las fronteras cerradas y el futuro en suspenso. En este contexto, Los ojos de Gaza ha comenzado a circular como una obra que reclama un lugar propio en la literatura contemporánea del testimonio, lejos del consumo frenético de la actualidad.
«Es triste que vivamos en un mundo donde un libro así tenga que existir», dice. «Pero me alegra que esté llegando a la gente. Que conozcan Palestina a través de los ojos de quienes la han vivido». Alaqad huyó de Gaza en noviembre de 2023, tras 45 días documentando la situación en redes sociales. Periodista y poeta, hoy vive en Beirut donde continúa sus estudios de posgrado. Se incomoda cuando se le pregunta por su familia. Responde con un «¿por qué?» seco, defensivo; un hartazgo implícito que marca el ritmo de la conversación.
Los ojos de Gaza no se escribe desde la distancia ni desde el después. Se narra a partir del ahora, en primera persona, desde la inmediatez de los hechos. Lo que distingue a Alaqad no es solo el qué, sino el cómo: una escritura que no busca explicar Palestina ni hacerla comprensible para el lector occidental, sino dejar constancia. «No quiero que otros hablen por nosotros. Quiero que seamos nosotros quienes contemos nuestra historia», cuenta. No traduce el dolor y tampoco busca convertirlo en parábola; escribe desde una primera persona que simplemente exige atención. «Si no fuera por los periodistas palestinos en el terreno, el mundo no habría visto nada», dice a modo de reproche. Para ella, la labor de los medios internacionales deja mucho, muchísimo que desear en la cobertura y exposición de la situación en la Franja. «Lo mínimo que pueden hacer los periodistas internacionales es honrar las historias palestinas, no retorcerlas», sigue.
Con ello hace, sobre todo, alusión al lenguaje: es para ella una línea roja. «No es una guerra, no es un conflicto, es un genocidio», afirma. Y sigue: «Es una vergüenza que los medios internacionales ni siquiera usen la terminología correcta. Una guerra es entre dos poderes iguales, y claramente esto no lo es. Es un genocidio».
Cuando se le pregunta qué es lo más difícil de recordar, no señala una escena concreta. «Todo», responde. «Vivir en una zona de genocidio sabiendo que en cualquier minuto puedes morir tú, o puede morir alguien de tu familia, alguien a quien amas. Te duermes sin saber si vas a despertar, ni cómo. Si vas a despertar sin tu familia, si vas a despertar sin una mano o una pierna, o bajo los escombros».
Aunque las bombas se hayan detenido temporalmente, insiste en que eso no equivale al final: «El genocidio no termina solo cuando dejan de caer bombas. Termina cuando hay un plan claro para reconstruir Gaza: cuando se reconstruyen los hospitales, las escuelas, cuando se abren las fronteras, cuando la gente puede moverse libremente».
La autora percibe el libro como algo más que una experiencia personal convertida en texto. «Quiero que se enseñe en las escuelas», dice. «Que los niños aprendan sobre el genocidio a través de la pluma de personas palestinas». El impacto del libro empieza a manifestarse en gestos pequeños pero persistentes; como una profesora italiana que traduce fragmentos y los trabaja en clase. Sus alumnos escriben cartas a Alaqad: «Eso me hizo sentir que el mensaje está llegando».
Plestia Alaqad pretende seguir dando voz a la experiencia palestina. «Ojalá algún día pueda escribir sobre una Palestina libre». En 2026 debutará también como actriz en The Visitor, una película de ficción. No es un documental y eso, para ella, también es significativo: «No estamos acostumbrados a ver ficción sobre Palestina. Pero es importante saber que el arte también es una forma de resistencia».
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