«Cuando en el futuro tenga que ver todo esto en mi casa y en la televisión, lo echaré mucho de menos». Rara vez alguien se muestra tan consciente del paso del tiempo y de la propia edad de la manera abierta y pública como lo hizo Almodóvar al acabar la proyección oficial el martes de Amarga Navidad en el Gran Teatro Lumière de Cannes. Rondaban las nueve y media de la noche y ante un auditorio entusiasta, una descarga de aplausos daba por concluida la séptima participación del cineasta en la competición oficial del festival. Entonces, el director, que ya cuenta con 76 años, decía estar emocionado por lo que acaba de vivir y, mucho más importante, por lo que dejará de vivir cuando sea, pronto o tarde, y ya no pueda estar ahí.
El director manchego desmiente que esté pensando en retirarse, reivindica el papel de Europa en el desconcierto mundial y afirma categórico que ya está harto de sí mismo en la rueda de prensa posterior a la presentación de Amarga Navidad en Cannes
«Cuando en el futuro tenga que ver todo esto en mi casa y en la televisión, lo echaré mucho de menos». Rara vez alguien se muestra tan consciente del paso del tiempo y de la propia edad de la manera abierta y pública como lo hizo Almodóvar al acabar la proyección oficial el martes de Amarga Navidad en el Gran Teatro Lumière de Cannes. Rondaban las nueve y media de la noche y ante un auditorio entusiasta, una descarga de aplausos daba por concluida la séptima participación del cineasta en la competición oficial del festival. Entonces, el director, que ya cuenta con 76 años, decía estar emocionado por lo que acaba de vivir y, mucho más importante, por lo que dejará de vivir cuando sea, pronto o tarde, y ya no pueda estar ahí.
¿Quiere esto decir que se estaba despidiendo? ¿Acaso su película número 24 es la última? «No, en absoluto», corrió a desmentir lo que mucho entendieron. «Me llamó la atención que en la fiesta muchos me dijeran si ya no iba a hacer más cine. Tengo ya un guion para la próxima película. A lo que me refería era que en todas las ocasiones que he asistido a una proyección de mis películas aquí, la sensación ha sido siempre la misma. Y en el futuro, cuando ya no pueda venir o no haya salas de cine, lo echaré mucho de menos y estoy seguro que me acordaré de estos momentos con nostalgia. Pero no, haré una película más seguro y espero tener inspiración para muchas más».
Lo que tocaba entonces aclarar era qué tipo de película y qué es lo que le inspira en este preciso momento tras explorar, especialmente con Dolor y gloria y esta cinta que le ocupa, todas las formas posibles de ser Pedro Almodóvar. «La verdad es que estoy harto de mí mismo», confeso ante la pregunta sobre si no le gustaría arrojarse al barro de la actualidad y hasta atreverse a colaborar con otros escritores o directores. «Lo que tengo claro es que quiero dejar de recurrir a mí mismo. Y sí, no descarto compartir las ideas de otros que me traigan un universo distinto del mío. Definitivamente, necesito un cambio de rumbo, porque Amarga Navidad, creo, es la película definitiva sobre mí mismo», añadió.
El director no dudo en repasar su carrera en el relámpago de una respuesta. Tras reconocer que hace el cine «que le pide el corazón en cada momento» describió sumariamente los momentos de inflexión en su carrera. Habló del humor y despreocupación que ocupaba a su cine en los 80 y noventa y de la completa transformación que vivió su filmografía con el cambio de siglo, cuando la obra maestra Todo sobre mi madre adquirió el carácter de acontecimiento mundial. «Sinceramente», continuó, «echo de menos poder hacer una película como Mujeres al borde de una ataque de nervios. Con el tiempo he ido perdiendo humor y ganando algo así como gravedad. Pero esto solo demuestra que la creación no tiene reglas, que la creación es un hecho misterioso». Y dicho lo cual, él mismo se contradijo: «Lo que sí puedo anunciar es que la próxima película tiene humor. Es un humor negro, pero humor».
Almodóvar, como ya es regla en cada una de sus comparecencias, no quiso dejar pasar la ocasión para hablar de la realidad, de la realidad política, y, ya puestos, clamar contra los neutrales en tiempos turbios. «Me parece un deber moral. No juzgo a quien no lo hace, pero el silencio y el miedo -porque, evidentemente, el silencio es una expresión de miedo- son un síntoma muy malo, una clara señal de la devaluación de la democracia». La respuesta estaba motivada por la censura y autocensura que recorre el cine el general y los festivales en particular. Todo a cuenta del conflicto que explotó en Berlín cuando desde el jurado y la propia dirección del certamen se conminó a los cineastas a «dejar que sus películas hablaran por ellos».
Almodóvar no está de acuerdo: «Nosotros, los que tenemos posibilidad de hacerlo, tenemos el deber de hablar sin eufemismos y a cara descubierta». Pausa. «Estamos obligados a convertirnos en una especie de escudo contra esos monstruos como Trump, Netanyahu o el presidente ruso. Estamos obligados porque aquí sí obedecemos las leyes internacionales; Europa nunca va a estar sometida, hay leyes y hay un límite para todos sus delirios y locuras, Europa nunca va a actuar con vasallaje respecto a sus políticas».
Y dicho lo cual, vuelta a Cannes, vuelta a la competición. ¿Qué tiene que decir sobre la Palma de Oro que se le resiste? ¿Sigue pensando que ser favorito en Cannes es una maldición? «He pasado por ver cómo dos de mis películas, Todo sobre mi madre y Volver, eran claramente favoritas y no ganaron. No basta con eso… Además, Cronenberg (presidente en tiempos de Todo sobre mi madre) me lo explicó de un modo muy certero cuando tuvo que justificar ante la prensa por qué su jurado no me otorgó la Palma de Oro. Me dijo: ‘Si en Cannes los premios fueran simplemente el resultado del gusto de la crítica y del público, entonces no sé para qué llamáis a un jurado’… Sinceramente, no es una frustración no haber recibido la Palma de Oro», dijo y quizá le faltó añadir «todavía». Recuérdese, en su haber sí figuran los galardones a director y guion.
Para el final quedó el recuerdo del tiempo en el que de adolescente soñó con colocarse algún día detrás de una cámara. «No había nacido ni en el lugar ni en la familia adecuada. Pero pronto fui consciente de que esa era la pasión más fuerte que había vivido en mi vida. Con el tiempo, la pasión sigue, pero ya es otra. Ahora es una pasión que vivo de manera mucho más dramática. Pero la pasión es real, está ahí, y me hace continuar. Seguiré». Zanjado pues el asunto de su retirada.
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