<p>De los 17.000 monumentos catalogados en España como bienes de interés cultural, ninguno ha tenido una historia tan sufrida como la fuente de Cibeles de Madrid. ¿Cuántas veces la historia ha ocurrido a su lado, cuántas veces ha estado a punto de llevársela por delante? El 14 de abril de 1931, la masa que proclamó la II República en Sol tomó el camino de Cibeles porque <strong>en el Palacio de Comunicaciones estaba la información de lo que pasaba en el resto de España a esas horas</strong>. En el tumulto del momento desapareció una mano de la diosa, arrancada junto a la llave que sostenía.</p>
El monumento que más ha sufrido en España, expuesto al tiempo, la polución y la Historia, vivirá en junio la restauración más sofisticada que ha recibido. Un espónsor privado pagará la cuenta
De los 17.000 monumentos catalogados en España como bienes de interés cultural, ninguno ha tenido una historia tan sufrida como la fuente de Cibeles de Madrid. ¿Cuántas veces la historia ha ocurrido a su lado, cuántas veces ha estado a punto de llevársela por delante? El 14 de abril de 1931, la masa que proclamó la II República en Sol tomó el camino de Cibeles porque en el Palacio de Comunicaciones estaba la información de lo que pasaba en el resto de España a esas horas. En el tumulto del momento desapareció una mano de la diosa, arrancada junto a la llave que sostenía.
Cinco años después, en la noche del 27 al 28 de junio de 1936, un Junker 42 alemán bombardeó por primera vez Madrid en nombre del ejército sublevado. Uno de sus objetivos fue el Palacio de Buenavista, la actual sede de Estado Mayor y entonces Ministerio de la Guerra. Las esquirlas llegaron hasta el mármol de la Cibeles. La cara de uno de los leones quedó desfigurada. El 15 de enero de 1937, otro ataque aéreo rozó a la diosa y, en junio, la junta que se hizo cargo de los monumentos de la ciudad instaló una pirámide de ladrillos y sacos de tierra que habría de salvar a la fuente de las bombas. En marzo de 1939, días antes de que el ejército franquista entrara en Madrid, llegó la orden de retirar aquella mastaba. El 29 de marzo de 1939, el fotógrafo Yubero retrató a un grupo de niños en lo alto del búnker, saludando a la manera falangista y con palas. La cabeza de la diosa asoma entre la tierra como salida de otro mundo.
Hubo más pequeños desastres: fiestas futbolísticas que se desmadraron y acabaron en mutilaciones (1994) y ataques banales de borrachos (2002) que resultaron más graves que los bombardeos nazis. Pero el verdadero desgaste de la Cibeles fue el del tiempo: el tráfico, las calimas, las gramíneas, las heladas y, sobre todo, el de las reformas que causaron más problemas que los que resolvieron. De hecho, la costura de Cibeles que ahora amenaza con romperse no ocurrió por accidente.
«Desde 1782 y hasta 1891, la fuente de Cibeles estaba en otro lugar que no es el actual. Estaba a los pies del Palacio de Buenavista [en la esquina noroeste de la glorieta] y orientada al sur, de modo que la diosa miraba a la fuente de Neptuno. Cuando se reordenó ese espacio, Cibeles se trasladó al centro, a la confluencia de Alcalá y el Paseo del Prado. Se decidió también que la fuente girara 180 grados hacia el norte y tomara una posición más alta, así que hubo que recomponer sus elementos. Lo más importante es que se instalaron unos grandes dados de granito que elevaron la estructura del carro. Esos dados son los que nos están dando problemas ahora».
Elena Hernando y María Domingo, directora y subdirectora de Patrimonio Cultural del Ayuntamiento de Madrid, cuentan la historia del monumento más conocido de todos los que están a su cargo en vísperas de una nueva campaña de restauración. A partir de junio y durante cinco meses, su proyecto cambiará la imagen de la fuente, blanqueará su mármol hasta dejarlo «irreconocible», reparará sus heridas y atacará, por fin, el problema de los dados.
Cuando el carro de la diosa se alzó sobre su pedestal, los técnicos del Ayuntamiento emplearon «unas piezas metálicas que calzaron el granito y el mármol. Son esas piezas las que, al estar en contacto permanente con el agua de la fuente, se han ido disgregando, han perdido su plano de estabilidad. Y eso ha hecho que la fuente oscile adelante y ha provocado que en el mascarón aparezca una grieta», cuentan Hernando y Domingo. «Esa grieta se detectó en 2016 y ha estado bajo observación desde entonces. La grieta está viva y seguimos evaluando su evolución con su fisurómetros. No hay que contarlo con angustia, no se nos va a caer la fuente, pero es el único problema que compromete el estado estructural de Cibeles».
De modo que el trabajo es preventivo. «Cuando entramos a trabajar en el conjunto escultórico de la Puerta de Alcalá [2022] llegábamos tarde, ya se nos estaban cayendo las piezas», explican en el Ayuntamiento. «El reto para los profesionales fue tremendo porque tuvieron que subir al andamio para descubrir cómo estaba aquello y encontrar soluciones. La intervención salió muy bien, todo el mundo trabajó maravillosamente, pero la sensación siempre fue la de ir a contrarreloj, sin margen de error. Esta vez no va a pasar eso. Llegamos a tiempo, conocemos las patologías y las metodologías para cada pieza».
Algunas preguntas. Primero: ¿quién va a trabajar en Cibeles? «Hay un muy buen elenco de empresas en España especializadas en restauración. España es un país rico en patrimonio y hay un acervo de conocimiento importante en empresas que están tan cualificadas como las de Francia e Italia. En un proyecto como este intervienen físicos, químicos, biólogos, geólogos, conservadores, restauradores, arquitectos, aparejadores, historiadores…».
Segunda pregunta: ¿será evidente la restauración a simple vista? Hernando y Domingo responden con otra pregunta: «¿Han visto cómo ha quedado la estatua de Neptuno? Es un estado inimaginable antes. Eso es lo que va a pasar con Cibeles».
Hernando y Domingo explican también que en la fuente hay dos mármoles diferentes con patologías distintas. Está el de Carrara, empleado en la diosa, los leones y los amorcillos que la escoltan, que es poroso y deja que el agua penetre en su interior, pero también lo expulsa con facilidad. Y está el mármol de Montesclaros del que están hechos el carro y la roca en la que se apoya y que tiene «un poro más estrecho. El agua que entra se queda y, cuando se congela, estalla. El desgaste en el mármol de Montesclaros tiene el aspecto de una especie de terciopelo oscuro e irregular. El de Carrara ha absorbido mejor la polución y conserva su textura».
En la memoria del proyecto del Ayuntamiento de Madrid hay un mapa de la escultura que identifica dónde ocurre qué: en las figuras de mármol de Carrara hay mugre que limpiar, alguna costura de mortero que se puede reparar e igualar en su aspecto al mármol, y una pequeña zona de la cara de la diosa colonizada por microorganismos. Debajo, en el carro y en la roca de Montesclaros, el problema es ese terciopelo, la «costra biológica» que habrá que limpiar.
La tercera pregunta: ¿es caro restaurar la Cibeles? La factura es de 400.000 euros, cuatro veces más que restaurar la fuente de Neptuno, porque Neptuno tiene más mármol de Carrara y, por tanto, necesitó menos trabajo. Los dos proyectos están unidos por su financiación: una firma privada, la compañía cosmética francesa L’Oréal Groupe, se hizo cargo del dios del Mar y volverá a pagar la cuenta con su vecina del norte.
Marta Rivera de la Cruz, delegada del Área de Gobierno de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid, asegura que la restauración de Cibeles habría ocurrido con o sin patrocinio, pero que el caso de L’Oréal en el Paseo del Prado representa «la implicación de la sociedad civil en la conservación del patrimonio. Claro que nos importa esa ayuda. Pero también creo que tiene un valor simbólico. Esta es una buena manera de lograr que la ciudadanía se haga consciente de lo que significa disfrutar de un patrimonio, conservarlo y transmitirlo». En la restauración de la Puerta de Alcalá hubo un momento en el que los andamios de los restauradores se convirtieron en una tribuna abierta para los ciudadanos. La experiencia fue un éxito de público, de modo que el Ayuntamiento de Madrid también abrirá las obras de Cibeles, el monumento que media España solo ha visto desde un taxi.
«La colaboración de empresas en patrimonio es bastante habitual en Francia y en Italia. Aquí, sin embargo, es muy extraordinario. No tenemos una ley de mecenazgo completa y, hasta hace relativamente poco, era muy difícil implicar a las empresas en proyectos culturales verdaderamente ambiciosos pero que no fueran tan mediáticos», dice Rivera de la Cruz. En el caso de Cibeles, la escultura tiene la máxima protección cultural, de modo que el patrocinador de las obras no podrá crear una gran instalación publicitaria en su favor. Su logotipo sólo podrá ocupar el 35% del espacio de las lonas que cubran a la diosa.
«Financiar la restauración de Cibeles es un ejercicio de ciudadanía corporativa para nosotros», explican en LOréal. «Es nuestra manera de devolver a Madrid parte de lo mucho que la ciudad nos aporta. Igual que aplicamos la ciencia para preservar la salud y la belleza de la piel, sentimos el deber de aplicar los mejores recursos para preservar la piel de la ciudad: su patrimonio artístico… La estrategia ha experimentado una transformación: de la visibilidad a la experiencia».
En España, por primera vez quizá en la historia, existe un paisaje propicio para que los patrocinios en cultura sean abundantes. Para los patrocinadores, el impacto no es tan inmediato ni visible como un logotipo en la camiseta de un equipo de fútbol, pero el efecto puede ser mucho más duradero.
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