<p>La primera vez que tuve consciencia de la existencia de los Premios Grammy fue en 1984 gracias a la revista <i>El Gran Musical</i>. La crónica mostraba a un Michael Jackson, acompañado por Brooke Shields, victorioso con los ocho galardones que reconocían a <i>Thriller </i>como la obra de arte que es. <strong>Desconozco si en la recogida de alguno, además de agradecer, denunció las políticas de Ronald Reagan</strong>. ¿Estaba de acuerdo o pasaba totalmente?</p>
Para mí son igual de héroes los que se mojan y los que optan por el mutismo. Yo jamás supe a quién votaban Bowie o Warhol. Dos de mis personas favoritas del mundo
La primera vez que tuve consciencia de la existencia de los Premios Grammy fue en 1984 gracias a la revista El Gran Musical. La crónica mostraba a un Michael Jackson, acompañado por Brooke Shields, victorioso con los ocho galardones que reconocían a Thriller como la obra de arte que es. Desconozco si en la recogida de alguno, además de agradecer, denunció las políticas de Ronald Reagan. ¿Estaba de acuerdo o pasaba totalmente?
Años más tarde fue destronado por U2 y su clásico The Joshua Tree. Mi escaso paladar irlandés me impidió saber si Bono, que se convirtió en el mesías/salvador del pop rock mundial, dedicó alguna de sus perlitas a las injusticias sociales, políticas o culturales de entonces.
Hace unos días, en la última entrega de los premios más prestigiosos de EEUU, y por tanto del mundo, Bad Bunny se coronó rey. Divino y total. Muy fan. Y lo mismo que no tuvo reparos en romper la cámara de un fan pesado en un concierto, se despachó de lo lindo contra el presidente estadounidense (aunque es portorriqueño, reconoce, con tristeza, que su isla es parte del país) y sus políticas migratorias. Admiro al conejito malo. Yo ni me atrevería ni quiero hacerlo. Es muy valiente.
Como lo es Nicki Minaj que se declara fan número uno del mismo sujeto: Donald Trump. La persona más odiada y querida, según las ideas de cada cual. Unos lo apoyan, otros lo critican. A una le importa más que su hermano salga de la cárcel a cambio de su apoyo y no le importa un bledo la pérdida de 10 millones de seguidores. El otro no soporta ni tolera el acoso y derribo a sus hermanos de sangre . De paso, le dará otro bofetón al actuar en la Super Bowl, el acontecimiento más americano del mundo. Allí le aplaudirán miles de fans que pueden haber votado a Trump. Y no pasa nada. Porque es un evento deportivo para todos los públicos con actuaciones musicales. Desde aquí pido que no lo convirtamos en un mitin político.
Estoy muy confundido. Para mí el show business es la alegría de vivir, quiero consumirlo y disfrutarlo sin que se contamine de otras cuestiones. Ha de entretener, distraer y proporcionar bienestar. Nada más. Esta tendencia actual a la forzosa significación política se extiende a todos los ámbitos culturales. Y no sé si muchos artistas se ven obligados a dar esos discursos porque se lo impone la moda de la pancarta o porque sienten esa necesidad. Que cada cual haga lo que quiera. Son igual de artistas quienes lo hacen y quienes se abstienen. Me quedo con su genialidad artística. Para mí son igual de héroes los que se mojan y los que optan por el mutismo. Yo jamás supe a quién votaban Bowie o Warhol. Dos de mis personas favoritas del mundo.
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