<p>Si decimos la palabra naufragio y pensamos en el cine, a nuestras cabezas vienen grandes súper producciones como <i><strong>Titanic</strong></i>, <i><strong>Tormenta Perfecta</strong></i>, <i><strong>Master and Commander</strong></i> o <i><strong>En el corazón del mar</strong></i>. La palabra clave en esta memoria visual de recuerdos cinematográficos es «súper producciones». Ingentes cantidades de dinero que llevaron, por ejemplo, a <strong>James Cameron</strong> a construir casi un transatlántico a medida para recrear el hundimiento más famoso de la historia, o a <strong>George Clooney</strong> a morir sepultado por una ola gigante mientras intentaba sortear la peor de las tormentas. ¿Y si la industria audiovisual en <strong>España</strong> echase valor y se atreviera con un proyecto en el que se aunara aventura, tragedia, conciencia social y drama? El sueño está a punto de materializarse: se llama <i><strong>A la deriva</strong></i> y llegará a <strong>Atresplayer</strong> en el segundo semestre de este año.</p>
Hace 15 años plantear una serie como A la deriva era plantear «un fracaso». Hoy, Atresmedia y Boomerang TV saben que la tortilla se ha dado la vuelta. Prevista su emisión para dentro de unos meses, esta ficción supone el regreso de Paula Echevarría a la cadena que dio vida a Velvet, y supone un antes y un después en la industria audiovisual española
Si decimos la palabra naufragio y pensamos en el cine, a nuestras cabezas vienen grandes súper producciones como Titanic, Tormenta Perfecta, Master and Commander o En el corazón del mar. La palabra clave en esta memoria visual de recuerdos cinematográficos es «súper producciones». Ingentes cantidades de dinero que llevaron, por ejemplo, a James Cameron a construir casi un transatlántico a medida para recrear el hundimiento más famoso de la historia, o a George Clooney a morir sepultado por una ola gigante mientras intentaba sortear la peor de las tormentas. ¿Y si la industria audiovisual en España echase valor y se atreviera con un proyecto en el que se aunara aventura, tragedia, conciencia social y drama? El sueño está a punto de materializarse: se llama A la deriva y llegará a Atresplayer en el segundo semestre de este año.
Hace tres años, Humberto Miró, padre de series tan conocidas como Entre Tierras, Alba o Acacias 38, junto a la productora Boomerang TV, comenzaron a trabajar en este proyecto en el que un grupo de pescadores de un pueblo imaginario de un punto meridional de la Península naufragaban, dejando al pueblo en shock y a un grupo de mujeres, efectivamente, a la deriva. Dos años después de aquel naufragio, ocurrido a finales de los 60, varios de aquellos pescadores a los que todos daban por muertos regresan. Todo el pueblo vive una ola de emoción y estupefacción, todos menos una mujer, Lucía (Paula Echevarría).
Confiesa Miró que «costó sacar adelante el proyecto», pues la idea siempre fue que al espectador se le mostraría una vieja historia, pero no por ello menos espectacular e impactante, la de un naufragio en alta mar, «la del hombre contra la naturaleza». En aquel momento, tal vez, era demasiado ambiciosa. Pero el director y Boomerang tenían tan claro que esta historia había que contarla y mostrarla, y no cejaron en su empeño de que el proyecto viera la luz.
En su camino, como tantas otras veces, se cruzó Atresmedia, y a partir de aquí A la deriva se convirtió en una auténtica aventura para el equipo, para los directores (Miró y Menna Fité) y para los actores. A la deriva no solo es una gran apuesta tecnológica, sino también interpretativa, pues Miró nunca quiso que la historia se quedase en lo espectacular de un naufragio: «Hay mucho más que la historia de un naufragio y del sufrimiento que supone que se mueran unos pescadores. Aquí hay una historia muy social y, además, en una época muy complicada para la mujer».
El director habla con nosotros en plena grabación de uno de los capítulos. Entre decorados, largos pasillos, espacios que se transforman y decenas de pantallas que funcionan como un cerebro indispensable, está tomando forma A la deriva. La serie, que ha sido rodada parte en exteriores, en particular en el pueblo grancanario de Agaete, y parte en los estudios, requería que en todo momento el espectador no se fuese de Batuel, el pueblo ficticio donde transcurre toda la trama. Para ello, echaron mano de las nuevas tecnologías, de decenas de pantallas LED de realidad virtual con Inteligencia Artificial acompañadas del talento humano, porque sin todo esto «hubiera sido técnicamente inviable». «Intentar hacer esta serie hace 15 años en un plató y en el exterior hubiera sido un fracaso», confiesa Miró.
Nada te aleja de Batuel, porque una vez rodado el espectacular naufragio —»nunca me había encontrado con el rodaje de una escena tan brutal», confiesa Daniel Grao, Héctor en la serie— el peso de la serie se traslada a una carga interpretativa que sostienen todos los personajes, pero especialmente tres de ellos: Lucía, interpretada por Paula Echevarría —supone su regreso a Atresmedia tras el final de Velvet—; Héctor, en manos de Daniel Grao; y Tristán, papel del que se encarga Michel Noher. Reconocen los tres que el rodaje, que todavía no ha terminado, está siendo una experiencia que les ha puesto a todos ellos a prueba. No es solo la interpretación de cada uno de sus personajes, sino también las luchas interiores de cada uno de ellos. Desde la fidelidad de Tristán, al sufrimiento de Lucía o a la maldad intrínseca de Héctor.
Cada uno confiesa haber gestionado este viaje y a sus personajes a su manera. Michel Noher, por ejemplo, escribió su propio diario sobre Tristán. En él iba construyendo un personaje que tendrá que enfrentarse a la dicotomía de la lealtad o de la traición por principios, justicia y amor. De esta manera, Noher podía regresar a cada escena, pues no ha existido un orden cronológico a la hora de rodar. Un día podían estar rodando el capítulo seis y al siguiente el capítulo uno. En una serie donde los personajes y sus historias lo absorben casi todo, para el actor es imprescindible saber de dónde viene y hacia dónde va con cada escena. En el caso de Daniel Grao, este asegura que tira «de método». Lo apunta todo en los guiones: en qué momento ocurre, qué pasó antes, qué va a ocurrir después. Los tres dan una importancia absoluta a esas lecturas de guion donde cada uno consigue situarse con el otro.
«Ha sido un trabajo muy laborioso», insiste Miró, refiriéndose precisamente a esa historia que se oculta al principio detrás de un asombroso naufragio. Como director, reconoce que el éxito de terminar aquella escena no fue más que el poder hacerla. De hecho, Daniel Grao, por ejemplo, pensaba que el naufragio se rodaría como una especie de «atracción de feria», pero la realidad «superó grandemente la realidad» porque «estábamos literalmente encima de la cubierta del barco»: «Eran los tamaños reales, los movimientos vertiginosos como si estuviéramos naufragando de verdad, ventiladores gigantes, turbinas de agua gigantescas… Y no hay mucho más que hacer que agarrarte e intentar decir tus frases de la mejor manera posible en una situación así. Pero, ¡qué chulo que se hagan cosas así en España!».
«No planteamos un naufragio pensando en una cosa pequeña», añade Miró. «Obviamente, aunque es una serie que parte de un naufragio, no es una serie náutica de alta mar, pero era indispensable que quedase realista», afirma. Y para ese realismo solo hace falta recorrer los miles de metros de los platós en los que se han construido cada espacio de A la deriva como si fuera real. La casa de Lucía es un hogar en el que, en el mismo instante que cruzas la puerta, te trasladas a la costa, a un pueblo pesquero, a la década de los 70… La cantina, el corazón de Batuel, y en el que no se ha escatimado ni un solo detalle, desde la máquina de tabaco de la época con su cartel de Tabacalera, hasta el color azul verdoso de sus paredes simulando el color del mar, los manteles de época o las lámparas del techo metalizadas y con forma de campana, tan típicas de los bares de pescadores. Nada puede sacar al espectador del universo de Batuel y de su historia.
«¡Corten!». Suena en los estudios el grito de Miró. Todos sus finales de escena terminan con ese grito, más fuerte de lo habitual, y con alguien del equipo poniendo música en alguno de los altavoces inalámbricos que llevan para celebrar. No, no ha terminado el rodaje, pero sí ha acabado esa escena. Una más, a montar.
En el camerino están ya preparados Daniel, Tristán y Paula. Hace tan solo dos días, los dos actores tuvieron que rodar una escena en la que literalmente se pegaban una paliza el uno al otro. Entre medias, Paula Echevarría, que se llevó un buen meneo, y como protagonista, una alfombra por la que casi Michel acaba con sus dientes serigrafiados sobre ella. Es esa realidad de la que hace gala Humberto Miró.
«A ver, hay que entender que a partir de un hecho extraordinario que lamentablemente se ha vivido muchas veces en la historia de España, como es un naufragio, intentamos contar no solo el hecho, sino cómo esas mujeres que pierden a sus maridos se encuentran en el año 1968 en un limbo legal y en una orfandad que hay que poner en la época que es. Nos centramos en cómo esas mujeres intentan salir adelante y en el terremoto que eso supone en una época en que no se daba por muertos a los desaparecidos en un naufragio y en la que una mujer no podía hacer nada sin el consentimiento de su marido. Y cuando todo parece tomar rumbo de nuevo, dos años después resulta que hay supervivientes. Todo el mundo entra en un estado de euforia y de excitación, pero también hay tristeza. Ahí está el drama. Es ahí donde nosotros, a la hora de crear la serie, entendíamos que necesitábamos un entorno controlado dentro de lo que supone el descontrol de rodar un naufragio», explica Miró.
Y es aquí donde Paula Echevarría asume esa carga dramática que A la deriva quiere desarrollar en toda su plenitud. «Interpretar a Lucía ha sido muy complejo», asegura la actriz. Se refiere a las características precisamente de su personaje. «Es una responsabilidad muy grande porque no quieres caricaturizar a personajes como el de Lucía, porque aunque hoy el maltrato es un tema del que se habla y todos sabemos lo que es, en la época de A la deriva las mujeres no se atrevían a alzar la voz, y si lo hacías era casi como algo peyorativo para ellas. Era ese ‘esto es lo que hay y esto es lo que te toca'», asegura la actriz.
Tanto se ha metido Paula Echevarría en el papel que cuando observas la que es la casa de Lucía y ves las fotografías de la protagonista tienes que mirar detenidamente para darte cuenta de que Lucía es Paula. «A mí me gusta mucho trabajar la época», confiesa la asturiana, «porque creo que te permite desarrollar las historias». Es decir, «historias como las de Lucía hoy se acabarían antes». No habría desarrollo, no habría historia.
«Desde la primera toma de contacto con Humberto empecé a ser consciente de la magnitud del proyecto», afirma la actriz, para la que A la deriva es una reivindicación que lleva mucho tiempo pidiendo a la industria: «Series que nos unan, un poco de esas series de antaño, pero con el millón de novedades que te permiten las nuevas tecnologías».
Toca maquillaje, vestuario y a rodar. En la casa de Lucía ya espera Humberto Miró. Toca nueva escena, nueva situación, nueva lectura de guion y nuevo repaso de los apuntes. Hoy puede que Héctor esté arrepentido o que Tristán quiera recuperar a su hermano de leche. Hoy, simplemente, toca rodar.
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