<p><a href=»https://www.elmundo.es/e/ro/rosalia.html»><strong>Rosalía </strong></a><strong>vuelve a España convertida en un icono mundial del pop</strong> y su historia de éxito se podría contar con sus actuaciones en el Movistar Arena y el Palau Sant Jordi, donde ahora va a ofrecer ocho conciertos: cuatro en Madrid y cuatro en Barcelona. En estos recintos<a href=»https://www.elmundo.es/cultura/musica/2019/12/11/5df0264b21efa06b4f8b4647.html»> la vimos en 2019 enterrar a la cantaora indie</a> de sus inicios para poner la música española patas arriba con <i><strong>El mal querer</strong></i>. <a href=»https://www.elmundo.es/cultura/musica/2022/07/19/62d71c56fdddff9f788b45a8.html»>Hace cuatro años estuvo entre estas mismas paredes de hormigón</a> enterrando su fusión de música urbana y flamenco para revolucionar la música latina con la gira de <i><strong>Motomami</strong></i> y los singles asociados a aquella etapa. Y ahora regresa con la gira de <a href=»https://www.elmundo.es/cultura/musica/2025/11/06/690c8238fc6c8325028b4586.html»><i><strong>Lux</strong></i></a>con el tercer entierro, el de estrella latina, y el último y definitivo salto, ahora hacia la cúspide del <i>mainstream</i> global.<strong> Rosalía ya forma parte de la liga de las grandes estrellas del pop</strong>, la de Beyoncé, Taylor Swift, Harry Styles, Bad Bunny o Billie Eilish (el próximo año la veremos en la disputa de los premios Grammy, no de los Latin Grammy), y su esfuerzo en 2026 es mantenerse ahí arriba.</p>
La gira de Lux no es un negocio, es una inversión: no está pensada para ganar dinero, sino para reforzar el prestigio de Rosalía como artista de primer nivel internacional
Rosalía vuelve a España convertida en un icono mundial del pop y su historia de éxito se podría contar con sus actuaciones en el Movistar Arena y el Palau Sant Jordi, donde ahora va a ofrecer ocho conciertos: cuatro en Madrid y cuatro en Barcelona. En estos recintos la vimos en 2019 enterrar a la cantaora indie de sus inicios para poner la música española patas arriba con El mal querer. Hace cuatro años estuvo entre estas mismas paredes de hormigón enterrando su fusión de música urbana y flamenco para revolucionar la música latina con la gira de Motomami y los singles asociados a aquella etapa. Y ahora regresa con la gira de Luxcon el tercer entierro, el de estrella latina, y el último y definitivo salto, ahora hacia la cúspide del mainstream global. Rosalía ya forma parte de la liga de las grandes estrellas del pop, la de Beyoncé, Taylor Swift, Harry Styles, Bad Bunny o Billie Eilish (el próximo año la veremos en la disputa de los premios Grammy, no de los Latin Grammy), y su esfuerzo en 2026 es mantenerse ahí arriba.
Los medios anglosajones eligieron Lux como uno de los mejores álbumes de 2025 (de hecho el mejor, según el agregador de críticas Best Album of The Year). Concebido desde el punto de vista del marketing como un disco-acontecimiento, su gira de presentación también está pensada para adquirir esa dimensión de evento histórico. Y, por supuesto, para consolidar el estatus de Rosalía en la élite del pop internacional.
No es una gira para ganar dinero, sino para reforzar su prestigio como artista mayor. En escena vemos a Rosalía junto a 13 bailarines y una orquesta de 22 músicos que no se limitan a hacer arreglos de acompañamiento, sino que impulsan las canciones como conjunto principal junto a la producción electrónica. Heritage es una orquesta británica de renombre internacional en el ámbito de la música no clásica, experta en acompañar a artistas de pop y de vanguardia: su anterior cliente fue Dua Lipa. Los bailarines forman parte del colectivo francés (La)Horde, que dirige el Ballet Nacional de Marsella. La escenografía, que ha producido decenas y decenas de momentos icónicos que circulan por las redes como salvoconducto de modernidad, es del griego Dimitris Papaioannou, considerado uno de los coreógrafos más importantes del mundo desde la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Atenas, en 2004. Y el vestuario es mayoritariamente de la casa belga Ann Demeulemeester.
¿Qué tiene todo en común? Sofisticación, modernidad, un poso de tradición para transmitir autenticidad, y la ambición de alcanzar resonancia cultural. En el concierto hay referencias a Goya, Velázquez, Degas, la Mona Lisa, la Venus de Milo, el ballet, el teatro y la ópera: es música pop presentada como una expresión artística elevada. En un plano de lectura paralelo está la religión, símbolo de trascendencia frente a la fugacidad, de espiritualidad frente a la apatía, símbolo de esta Rosalía de museo frente a la Rosalía de los chándales, las motos y las uñas de gel. Esta Rosalía mutante que ahora prefiere concentrar toda la atención en la era Lux (canta las 15 canciones del disco) y desprenderse de El mal querer o de su mayor éxito, Con altura (2.200 millones de reproducciones en YouTube y 850 en Spotify), pero que nunca deja de representar la cultura española y nuestro idioma.
Hacer una gira de 57 conciertos por 17 países de Europa y América con 22 músicos y 13 bailarines resulta extraordinariamente caro. Pero esta gira no es un negocio, es una inversión. Demuestra una visión a largo plazo que encaja con las estrategias de su manager desde hace nueve meses, el británico Jonathan Dickins, el hombre detrás de Adele. Su trabajo es asegurar la posición de Rosalía como gran estrella diferencial en el pop de 2026 y en el de 2040. También forma parte de ese plan la decisión de apostar por más calidad y menos cantidad; es decir, romper con la dinámica típica de una estrella de público juvenil que saca un nuevo single o una colaboración cada tres meses y que consigue grandes impactos efímeros, pero que no construye un legado. Y el legado es uno de los conceptos más importantes en el pop, porque la grandeza de hoy es la reliquia de mañana.
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