La corrida de Puerto de San Lorenzo-La Ventana fue una insufrible condena para aficionados, público y demás satélites de San Isidro. Al petardo de José Juan Fraile no le quito nada. Pero tengo para mí también que la corrida venía sentenciada. No ya sólo por la estigmatización de las consignas y la precipitación de Iñaki Sanjuán con el pañuelo verde siguiendo, precisamente, las consignas, sino también por la parte de los tres artistas, que no te salvan un toro ni muertos. Y ahí Pablo Aguado se llevó la palma con los tres avisos y, sobre todo, por lo que no son los tres avisos con un lote que le va a pesar.
Petardo de la ganadería de El Puerto, castigada por las consignas, la precipitación de las devoluciones y también por los artistas: Aguado se deja un toro vivo pero, sobre todo, se deja ir un lote que le va a pesar
La corrida de Puerto de San Lorenzo-La Ventana fue una insufrible condena para aficionados, público y demás satélites de San Isidro. Al petardo de José Juan Fraile no le quito nada. Pero tengo para mí también que la corrida venía sentenciada. No ya sólo por la estigmatización de las consignas y la precipitación de Iñaki Sanjuán con el pañuelo verde siguiendo, precisamente, las consignas, sino también por la parte de los tres artistas, que no te salvan un toro ni muertos. Y ahí Pablo Aguado se llevó la palma con los tres avisos y, sobre todo, por lo que no son los tres avisos con un lote que le va a pesar.
Lo peor no fue que Pablo Aguado escuchara los tres recados preseidenciales -estuvo exacto entonces Sanjuán-, dentro de la gravedad de que te echen un toro vivo a los corrales en Madrid, sino que había sido el toro ideal para él. Aguado se encasquilló con el descabello ante el infinito, sin atinar en la cerviz, como si el toro se tapase la muerte, o se hubiera blindado con un callo, o el estoque de cruceta careciera de filo, o el brazo de Aguado flaquease como sus ideas.
A las 19.57 podía haber cambiado el sino de la tarde. Saltó al ruedo un toro cuajado, de muy grata expresión en su seriedad -esa forma de colocar el hocico hacia delante-, una reata aristocrática en Puerto de San Lorenzo: Lirio. Preciso de fuerza -pidiendo las medias alturas que tan bien domina Pablo Aguado-, con estupendo embroque y soltándose mucho de la muleta, esos mimbres mansitos extraordinarios. O sea, ideal para él, ya digo. Pero la gestión de los terrenos falló.
La faena empezó bien -o no tanto porque no se puede empezar una faena con molinete- aunque se reconduzca la serie con primor sobre la derecha, un hermoso trincherazo y un sensacional pase de pecho a mano cambiada. Aguado eligió los medios, que, por la condición del toro, se encontraban en la frontera de donde venía marcando la querencia. Otra serie brotó con buen aire, también rematada con otro pase de pecho a mano cambiada. Le decía yo a Gonzalo Bienvenida que debía cambiar el terreno porque allí, según basculaba la cosa, más antes que después, se le iba a marchar el toro. Y, efectivamente, se le fue o se lo dejó ir. La faena cayó cuando lo quiso sacar de las rayas, mostrando todavía el toro algo de aliento al natural. Ese toro que se dice de los 25 pases para ti, para cortarle una oreja bien en Madrid, era este. Después ya vino la media estocada y el naufragio con el descabello y todos los golpes que contaba la gente cabreándose camino de los tres avisos; mi cabreo era otro. Confluimos al final todos, de un modo u otro, por la falta de entendimiento torero o la carencia de habilidad matarife, en la incapacidad.
A las 21.05 Pablo Aguado debió darle la vuelta a la situación ante el burraco sexto, un buen toro de La Ventana. Liviano, otro nombre de insigne reata por su palo. Aguado intentó el quite del perdón, que se quedó a medias en su belleza inconclusa, y una faena sin pulso, ambición ni compromiso. Ni con tres avisos en lo alto. Ya en un muletazo de los inicios, que buscó lo bonito de la izquierda en lugar de cuidar al toro, se sintió que no había nada que hacer. El ambiente en contra, la gente hostil, fuera de la corrida, si es que alguna vez había entrado. Nada. Le va a doler la cabeza al sevillano con este lote. Y le quedan dos tardes más en Madrid. Otra vez se encasquilló con la espada. Ruina gorda.
La corrida de Puerto de San Lorenzo -La Ventana del Puerto- venía abierta en los lotes por los hierros, lógicamente, cargando más la edad en los tres de La Ventana, que cerraban la corrida con los cinco años cumplidos.
Había partido plaza un toro muy bien hecho -y esto en Madrid ya es motivo de protesta-, con un llamativo morrillo, pero con un formidable cuello. Descolgó con un tranco muy templado; tanto, que presagiaba ya un poder preciso. Definido el buen estilo desde los capotazos de José María Manzanares, una clase notable, especialmente por la mano derecha. El poquito sobre el que se sostenía lo tocó Manzanares por abajo para derrumbarlo en el principio de la faena. Las protestas arreciaron. Ese prólogo, junto al desarme del epílogo, fue muy inoportuno para su trémula pero enclasada condición. Manzanares firmó una gran estocada, eso sí.
No aguantó el presidente el pañuelo verde para aguantar a un segundo que perdió dos veces la horizontal saliendo del caballo, a tropezón por salida. Sanjuán -quien por cierto cambia el primer tercio en el segundo lance- desenfundó a la velocidad del rayo el pañuelo verde. Lo suyo con la ganadería del Puerto tiene su miga. El sobrero de José Vázquez fue bastante más blando. Ortega abrevió y tampoco estuvo mucho tiempo delante de la cara del quinto, un toro falto de un tranco, para otra muleta. El peor lote sin duda fue el suyo.
A José María Manzanares le devolvió el palco el cuarto también con precipitación -una proyección de lo que era derrumbarse un toro en los años 70 y 80 no vendría mal a Don Ignacio-; luego Manzanares anduvo aparcando el coche con el boyancón y vulgarote sobrero de El Freixo. A los tres artistas, puestos a proyectar, les pondría un vídeo de El Viti en Madrid, pura seda y precisión para voltear tardes condenadas como esta corrida sentenciada, sin quitarle ni esto al petardo de los toros de El Puerto y La Ventana.
LAS VENTAS. Jueves, 21 de mayo de 2026. Duodécima de feria. «No hay billetes». Toros de Puerto de San Lorenzo y tres de La Ventana del Puerto (4º, 5 y 6º, cinqueños); un sobrero de José Vázquez (2º bis) y otro de El Freixo (4º bis); bien presentados, sin poder pero con buen estilo el 3º; bueno el 6º; enclasado el trémulo 1º; flojo conjunto de escasa raza.
JOSÉ MARÍA MANZANARES, DE NAZARENO Y ORO. Estocada (silencio); estocada (silencio)
JUAN ORTEGA, DE VERDE OLIVA Y ORO. Estocada (silencio); estocada (silencio)
PABLO AGUADO, DE GRIS PERLA Y ORO. Media estocada y 15 descabellos. Tres avisos (bronca); pinchazo y media estocada (silencio).
Noticias de Cultura
