<p>Por lo que pude comprobar ayer en un vistazo azaroso por varias redes sociales, sé que ya sois todos expertos en la música y la trayectoria de <strong>Bad Bunny</strong>, así que espero no haceros perder el tiempo ni la paciencia si os recuerdo brevemente que no era la primera vez que el cantante puertorriqueño actuaba en el <strong>espectáculo del descanso de la Super Bowl</strong>. No insistiría en ello si no creyera que es realmente importante para comprender<strong> la principal lección que nos dejó su actuación</strong> de ayer.</p>
La lección más importante del espectáculo, que es la lección más importante de toda su carrera, fue la importancia de ser fiel a uno mismo y no traicionarse
Por lo que pude comprobar ayer en un vistazo azaroso por varias redes sociales, sé que ya sois todos expertos en la música y la trayectoria de Bad Bunny, así que espero no haceros perder el tiempo ni la paciencia si os recuerdo brevemente que no era la primera vez que el cantante puertorriqueño actuaba en el espectáculo del descanso de la Super Bowl. No insistiría en ello si no creyera que es realmente importante para comprender la principal lección que nos dejó su actuación de ayer.
Seguro que lo recordáis, pues solo han pasado cinco años. La primera Super Bowl de Bad Bunny fue en Miami un 2 del 2 del 2020, una fecha singular: fue un mes antes del confinamiento, en el final del primer mandato de Donald Trump. Shakira y Jennifer Lopez, Lopez sin tilde, protagonizaron el concierto con más espectadores del mundo en una alianza de súper latinas. Aquella actuación se presentó como una cumbre para la cultura hispana, la certificación de un bum latino, bum con u. Además de las dos estrellas femeninas, se sumaron como invitados J. Balvin y Bad Bunny, con un minuto y medio para cada uno en pantalla.
Bien, resulta que aquel día de gran celebración de la música latina apenas se oyeron palabras en español. Shakira saludó con un «Hola, Miami» y luego solo cantó un estribillo en cristiano, cosa que ni siquiera llegó a hacer Lopez sin tilde. Sus actuaciones fueron íntegramente en inglés. Oh.
Incluso Bad Bunny cantó algunos versos en inglés, los de su colaboración en el I Like It de Cardy B, la única vez que no ha cantado en español en toda su carrera. Quizá fue entonces, hace cinco años, cuando Bad Bunny decidió que nunca más traicionaría su identidad.
Su actuación de ayer en la Super Bowl dejó numerosas anécdotas y momentazos: la boda, el niño con el Grammy, los invitados de la casita, la ropa de Zara… Y tuvo un objetivo: hacer una reivindicación festiva de la cultura latina. Pero la lección más importante del espectáculo, que es la lección más importante de toda su carrera, algo que trasciende su condición de puertorriqueño o de latino, fue la importancia de ser fiel a uno mismo.
Bad Bunny fue soltando estratégicamente varios mensajes durante los 13 minutos de su vertiginosa sucesión de canciones, pero en un momento paró el frenesí y junto a un hermoso conjunto de violines miró a cámara en primer plano y dijo su nombre completo, Benito Antonio Martínez Ocasio, y afirmó con todo sentimiento: «Si estoy aquí ahora es porque nunca, ¡nunca! dejé de creer en mí. Tú también deberías creer en ti, vales más de lo que piensan«.
Si algo podemos aprender de Bad Bunny es a creer en nosotros. No como un cuento de sueño americano, sino como una forma segura de alcanzar la dignidad.
Bad Bunny no se traiciona, no cede a lo que los demás esperan o quieren de él. Ha llegado a ser una de las estrellas más escuchadas, más influyentes y más creativas de la música popular y no ha dejado de reforzar en cada paso su identidad no solo como artista, sino como persona. Este hombre sensible e inteligente no ha descafeinado ni rebajado nunca su música, no la ha suavizada para complacer a nadie, sino que ha ido picando como un minero en su individualidad y en sus raíces, y por eso ayer pudo mostrarse al mundo como un hombre libre y orgulloso, como un creador genuino y diferencial que representa a una gran comunidad sin ofender a nadie. Representar es una palabra grande, es importante, por eso cuando se pretende que se va a hacer, debe hacerse con honestidad y una cierta pureza.
Bad Bunny no fue al choque que le planteó Trump, sino que hizo una reivindicación sin conflicto. Al contrario que un cantante protesta, su revolución se hace bailando. «Bienvenidos a la fiesta más grande del mundo entero», anunció al inicio, y esa fue su respuesta política: ser feliz y querer amar y celebrar, mostrar fuerza y resistencia. «Baila, baila sin miedo. Ama sin miedo», dijo más adelante, una frase breve que pasó quizá desapercibida pero que está cargada de contenido por lo que supone de inclusiva y de integradora.
Uno de los momentos más grandiosos de su actuación fue por eso la exaltación del reguetón y el perreo, y hasta eso fue una reivindicación de Puerto Rico, donde surgió esta música y este baile que ahora se celebran en todo el mundo y que algún día serán protegidos como patrimonio de la humanidad. Sonaron fugazmente Dale, don, dale y la Gasolina y entonces se desencadenó un discotecón reguetonero, adúltero, pero sin adulterar. «Las mujeres en el mundo entero perreando sin miedo», dijo entonces Bad Bunny. ¿Estaba ofreciendo una versión adaptada al oyente anglosajón? ¿Era reguetón diet para ese público potencial de cientos, miles de millones de personas? No. Bad Bunny con flow pesado se estaba representando a sí mismo y a su verdad. Fue su forma más clara de decir: esto soy yo, espero que les guste, pero si no les gusta, este soy yo.
Sí, señores, fue una gran lección de dignidad.
Un último detalle importante: Bad Bunny no tuvo que censurar ni una palabra de sus letras. ¿Por qué? Porque siendo explícitas, no hay nada grosero en ellas. Cuando canta sobre sexo, y ya sabéis como expertos que Bad Bunny canta sobre todo sobre sexo y sobre amor, lo hace usando su ingenio y la riqueza del lenguaje. La riqueza del lenguaje español.
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