<p>Vuelvo a casa por una calle con bares de toda la vida. Barras de mármol, camareros con chaquetilla blanca, suelos de terrazo. Me gusta observar a los grupos, más ruidosos, más numerosos, según avanza la semana. <strong>¿Cuánto hará que no se ven?</strong> Un día, una semana, meses… No lo saben, pero la respuesta está en su edad.</p>
‘Friends’ y ‘Sexo en Nueva York’ no nos contaron la verdad sobre la amistad adulta. A partir de los 30, los grupos de amigos cotidianos dejan de ser la norma y muchos nos relacionamos con lazos individuales
Vuelvo a casa por una calle con bares de toda la vida. Barras de mármol, camareros con chaquetilla blanca, suelos de terrazo. Me gusta observar a los grupos, más ruidosos, más numerosos, según avanza la semana. ¿Cuánto hará que no se ven? Un día, una semana, meses… No lo saben, pero la respuesta está en su edad.
Pensábamos que el grupo de amigos cotidiano era para toda la vida. Ese mito lo fuimos construyendo con las series que asomaban a los 30. Friends, Sexo en Nueva York, Cómo conocí a vuestra madre encerraban una promesa: ahí seguirá el bar donde os encontráis, el brunch, el llamar a la puerta porque sí.
Nos habían engañado, no era para siempre.
Yo también tuve 20 años, yo también quedaba día sí día también con mi grupo de amigas. Los jueves, huevos rotos en una taberna que cerró hace años. Los sábados, comprar juntas un top, unos pendientes, prepararnos para la noche. Entretanto, llamadas no para saber «cuándo nos vemos», sino a qué hora.
Pero entonces llegaron la edad, las responsabilidades, la huida de la ciudad. El paso del tiempo.
Con los años seguimos conservando amigos, pero muchos cambiamos la cuadrilla por los lazos individuales. Una comida, un café, un concierto. Cada vez con un amigo diferente. (Hasta cinco íntimos podemos tener, dice la «regla de Dunbar»).
Antes creía que era de raros -de rara, para qué engañarnos- carecer de pandilla. Pero ahora soy consciente de que no es la norma. Es «la falacia del grupo de amigos», según un artículo de The Atlantic: «Mis amistades son silos. Si los grupos de amigos parecen ubicuos, también lo somos los que lamentamos no tenerlos».
Tal vez el espejismo se deba a que reflexionamos poco sobre la amistad. «Mientras se han escrito millones de líneas sobre el amor de las parejas o los vínculos con la familia, apenas hemos dedicado tiempo a pensar en la amistad«, escribe Andrea Momoitio en (h)amor 9 amigas. ¿No es lo suficientemente serio, lo suficientemente importante?
El grupo de amigos se antoja más necesario cuando somos jóvenes, cuando buscamos ese sentido de pertenencia y descubrimos qué nos gusta, quiénes somos. Recuerdo esa conexión cuando conocí a mis amigas de la universidad. Por primera vez, formaba parte de algo. Una familia fuera de la familia.
Es normal que con el paso de los años ya no busquemos esa inclusión, pero yo sigo añorando mi grupo. Aunque esa otra familia haya dejado de ser algo cotidiano, quiero pensar que existe para siempre.
Este año, después de tiempo sin juntarnos, volveré a verme con mis amigas de los 20. Ya no es el día a día compartido que nos prometían aquellas series. Será un acontecimiento.
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