En un cine como el español tan devoto de lo nuevo, tan obsesionado con los debutantes, tan a la búsqueda de los puntos que conducen a la subvención por ópera prima (todo sea dicho), lo menos sorprendente es una primera película de un director. Y, sin embargo, y ahí la contradicción, si no hay sorpresa no hay premio. Se diría que la situación se parece bastante a un callejón sin salida: todo el mundo empeñado en sorprender en un mercado (o, mejor, espacio, país o lugar) saturado de películas por ley y por principio sorprendentes. El mal hijo, de Jaime Lorente, es debut. Primera sorpresa. Pero no uno cualquiera. Es debut de un actor de sobra conocido y ahora debutante como director. Segunda sorpresa. La tercera, que la hay, llega de la mano de una historia con aspecto de western rural que quiere ser a la vez retrato social, melodrama familiar, thriller de mafiosos y, llegado el caso, hasta tragedia griega con ecos murcianos. Por no faltar no falta ni Niño de Elche. En verdad, la tercera sorpresa es un catálogo de sorpresas sorprendentes que antes que sorprender abruman.
El actor de La casa de papel sorprende en su primera película a los mandos con un ejercicio de cine caótico, fuera de sí y tan apasionado que marea
En un cine como el español tan devoto de lo nuevo, tan obsesionado con los debutantes, tan a la búsqueda de los puntos que conducen a la subvención por ópera prima (todo sea dicho), lo menos sorprendente es una primera película de un director. Y, sin embargo, y ahí la contradicción, si no hay sorpresa no hay premio. Se diría que la situación se parece bastante a un callejón sin salida: todo el mundo empeñado en sorprender en un mercado (o, mejor, espacio, país o lugar) saturado de películas por ley y por principio sorprendentes. El mal hijo, de Jaime Lorente, es debut. Primera sorpresa. Pero no uno cualquiera. Es debut de un actor de sobra conocido y ahora debutante como director. Segunda sorpresa. La tercera, que la hay, llega de la mano de una historia con aspecto de western rural que quiere ser a la vez retrato social, melodrama familiar, thriller de mafiosos y, llegado el caso, hasta tragedia griega con ecos murcianos. Por no faltar no falta ni Niño de Elche. En verdad, la tercera sorpresa es un catálogo de sorpresas sorprendentes que antes que sorprender abruman.
De hecho, si algo define, para bien y para mal, a El mal hijo es su empeño a cada segundo de no pasar desapercibida, de no resultar indiferente, de sacudir al espectador en cada plano. Y eso, como decíamos, es bueno por, otra vez, sorprendente. Y cansino por exactamente la misma razón: demasiado sorprendente. Lorente coloca a cada uno de sus personajes al límite de sí mismos en un ejercicio de cine que por momentos se vive con pasión, a ratos con locura, en ocasiones a gritos, cuando quiere con un lirismo desbocado y siempre con el culo al borde mismo de la butaca. Nadie puede acusar a la primera película de Lorente de no ser un debut por cada uno de sus poros.
Sobre la novela de Salvador S. Molina, la película cuenta la historia de un niño sin padre (drogadicto) y sin madre (algo borracha), pero con una abuela del tamaño de un gigante. Encarnada por Susi Sánchez en un nuevo despliegue de talento, fiebre y saber estar, es esta última la que protege al crío de un mundo hostil hasta un extremo, admitámoslo, muy cerca de la parodia. Cuando pase el tiempo, será el chaval, al que interpreta con pulcritud Hugo Arbués, el que se ocupe de la madre de su padre y de todas y cada una de las heridas de la herencia recibida. Digamos que es en esta relación de cuidado, atención y simple cariño donde El mal hijo mejor, y sin amago de contradicción, sorprende realmente. Lo que sigue es una historia de redención con modales de western agrio y agro; una historia de liberación que también lo es de perdón; una historia violenta, canalla, ruidosa, febril, caótica y muy visceral. Demasiado.
El resultado es una película enfática, colérica y algo desenfocadla que en su empeño por dar con una voz propia se queda prácticamente afónica. Sea como sea, sorpresas a un lado y aunque sea con las cuerdas vocales destrozadas, bienvenida sea tanta pasión. Ni un segundo de paz.
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Director: Jaime Lorente. Intérpretes: Miguel Ángel Puro, Susi Sánchez, Hugo Arbués. Duración: 106 minutos. Nacionalidad: España.
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