Fueron a ver a Roca Rey en masa y vieron a Roca Rey en tromba. El fabuloso aspecto de la plaza de Vista Alegre retrotraía a los tiempos gloriosos de los últimos años 90 y primeros de los 2000. El brindis de Diego Urdiales a Enrique Ponce, rey de Bilbao en aquellas décadas (y una más), ahondaba en la nostalgia. Todavía había gente en pie buscando su localidad en los atestados tendidos. Un esplendoroso «No hay billetes» volvió a colgar de sus taquillas. Desde 2011 no se colgaba el añorado cartel, por lo que la noticia se hacía extraordinaria. Ponce precisamente figura en aquella tarde del 25 de agosto, junto a El Juli -el otro amo de Bilbao- y Miguel Ángel Perera. Los toros también pertenecían entonces a Victoriano del Río. Como ayer, cuando volvió a sentirse el entusiasmo en aquella temprana ovación de bienvenida a Urdiales, Talavante y Roca Rey, heredero del trono bilbaíno desde hace más de 10 años ya. La multitud de papelillos blancos repartidos por el oscuro ruedo presagiaban el viento, casi invocándolo. Molestaría la suyo.
Convoca un «No hay billetes» que no se daba en Vista Alegre desde hace 15 años y triunfa con su raza en tarde muy ventosa; Urdiales hace lo más torero y cobra la estocada de la feria; flaquea la noble corrida de Victoriano del Río
Fueron a ver a Roca Rey en masa y vieron a Roca Rey en tromba. El fabuloso aspecto de la plaza de Vista Alegre retrotraía a los tiempos gloriosos de los últimos años 90 y primeros de los 2000. El brindis de Diego Urdiales a Enrique Ponce, rey de Bilbao en aquellas décadas (y una más), ahondaba en la nostalgia. Todavía había gente en pie buscando su localidad en los atestados tendidos. Un esplendoroso «No hay billetes» volvió a colgar de sus taquillas. Desde 2011 no se colgaba el añorado cartel, por lo que la noticia se hacía extraordinaria. Ponce precisamente figura en aquella tarde del 25 de agosto, junto a El Juli -el otro amo de Bilbao- y Miguel Ángel Perera. Los toros también pertenecían entonces a Victoriano del Río. Como ayer, cuando volvió a sentirse el entusiasmo en aquella temprana ovación de bienvenida a Urdiales, Talavante y Roca Rey, heredero del trono bilbaíno desde hace más de 10 años ya. La multitud de papelillos blancos repartidos por el oscuro ruedo presagiaban el viento, casi invocándolo. Molestaría la suyo.
Cuando a las 19.14 Roca Rey brindaba su toro al público, la explosión de júbilo revelaba a quién había acudido a ver la masa. El fervor desatado al levantar la montera lo empató el desplante a cuerpo limpio al final de la faena. Una cosa de fenómeno fan, muy loca, la plaza entera en pie como una sola voz. Un grito de aclamación ensordecedor. Ya se había sentido en el repetitivo quite por saltilleras. Es el año chino de la saltillera. No es nada contra Roca. Cuando enterró la estocada, se reprodujo el entusiasmo desbocado. El presidente Matías acertó al frenarlo en una oreja, pues era lo justo.
A RR le había sido imposible redondear la faena por la izquierda ante el azote inclemente del viento. Y, también, porque al buen toro le faltaba empuje por esa mano. Así la obra fue fundamentalmente diestra -desde el arranque por estatuarios-, el muletazo muy por abajo, largo y ligado. A veces rehilado. Tres series como viga maestra -una sola espaldina como arenque para las focas- y el epílogo de cercanías, por circulares invertidos, cuando el noble animal ya había soltado todo el fuelle. Victoriano del Río parecía haber traído la corrida por notas diferentes a la potencia y la bravura revolucionada que, por ejemplo, distinguieron el lote -dos «hijos» del gran Dakar- con el que el mismo Roca Rey firmó en 2025 en esta plaza la tarde más importante de su trabada temporada. La corrida flaquearía por demás.
La apuesta de esta cita, vital para apuntalar un año que viene creciendo en agosto (quedaba lejos la épica de Sevilla, no tanto Gijón ni Málaga), volvía a ser Victoriano del Río. Victoriano falló en los niveles exigidos -y no sólo-, pero no falló Roca Rey. Que a las 20.34 soltaba la muleta para tirarse a matar sin ella. Cómo logró pasar limpiamente a cuerpo descubierto, como si tocase con la mano, es un misterio. Pues los matadores que practicaron esta suerte -Gómez Escorial, Fandiño, el Loco Galán- lo hacían encunándose. Enterró con temerario valor una estocada que no fue suficiente y necesitó un golpe de descabello. Otra oreja premió su raza y su absoluta entrega con aquel manso que cerraba plaza. Se movió con disparo desde la apertura de rodillas -esos cambiados de miedo- para anunciar pronto, entre aquel calambre geniudo y las miradas a tablas, que quería rajarse. Como así fue. Roca se peleó con él -sacándoselo a los medios- y con el viento que flameaba su muleta. Ni una broma para su seria actuación. Fueron en masa a ver a Roca Rey y lo vieron en tromba. Ya digo.
La guapeza de la seriedad del cuarto se desmoronaba camino de las 20.00 horas sobre su fragilísima calidad, perdiendo demasiadas veces los apoyos. Pero Diego Urdiales se emperró en buscarle la veta de oro -y el equilibrio- y hasta que no dibujó un puñado de naturales delicatessen no paró. Muy largo el empeño (un aviso antes de perfilarse), resuelto con soberbio volapié, la estocada de la feria. Bíblica.
Cuando a las 18.23 Diego había entregado su montera al sabio de Chiva de con un abrazo, aquel primer toro de la corrida ya barruntaba el escaso poder que presidiría la tarde. El trabajo de Diego Urdiales no sólo emanó torería, sino también conocimiento. La exactitud de las alturas y los tiempos. En ese juego de equilibrios dibujó el toreo (y lo más torero) en su izquierda, por donde el toro descolgó más. Y luego también en la expresión de su derecha. Todo dosificado por la condición del toro.
A las 18.49, la quebradiza clase de un coloradito de bellísimo ritmo superó los tercios previos milagrosamente a pesar de Alejandro Talavante, que pareció querer devolverlo con inoportunos capotazos. O por acción o por omisión. Luego, se recreó con su zurda privilegiada como si se pasease. Un paseo realmente fue la tarde de Talavante. El quinto se movió en las antípodas por la manera de soltar la cara, tan violento y sin estilo en su ausencia de poder. Ese mal que penalizó la corrida.
El maestro Raúl del Pozo decía que los toreros son los últimos héroes con capa y espada. O con espada y sin muleta, a cuerpo limpio, como vino a explicar Roca Rey.
VICTORIANO / Urdiales, Talavante y Roca Rey
PLAZA DE VISTA ALEGRE. Jueves, 27 de agosto de 2026. Cuarta de feria. Lleno de «No hay billetes». Toros de Victoriano del Río, un cinqueño (6º); serios y armónicos; su nobleza adoleció de poder, tan quebradiza; rajado el 6º, el 5º fue el de peor estilo.
DIEGO URDIALES, DE NAZARENO Y ORO. Estocada contraria (leve petición y saludos); gran estocada. Aviso (saludos).
ALEJANDRO TALAVANTE, DE CORINTO Y ORO. Pinchazo y estocada atravesada y suelta (silencio); estocada (silencio).
ROCA REY, DE AZUL MARINO Y ORO. Estocada (oreja y fuerte petición); estocada -sin muleta- y atravesada y descabello. Aviso (oreja).
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