<p>Lo más destacado y brillante de <i>Sorry, Baby </i>no se ve. No aparece en la pantalla. <strong>Toda la fuerza de la propuesta de la debutante (antes actriz) Eva Victor consiste en armar una película invisible que discurre enteramente en la imaginación del espectador. </strong>Y esto, que dicho así puede despistar, en verdad no es más que la consecuencia y verdadero sentido de su argumento, del asunto tratado. La película narra el proceso de reconstrucción de una mujer —profesora de universidad a la que da vida la propia Eva Victor— después de una agresión sexual. A su manera, lo que se cuenta no es más que la larga serie de narraciones frustradas, de relatos apenas apuntados, de silencios forzados, de miradas desviadas y de conversaciones imposibles por miedo, vergüenza o incomprensión que siguen a un episodio por fuerza inenarrable. Digamos que lo que lleva a cabo la directora es un ejercicio de brutal sinceridad, que también es coherencia, desde la parte más íntima, profunda y vívida, aunque no necesariamente oscura, de una herida que no cesa.</p>
Eva Victor completa uno de los más sorprendentes, bellos y sabios debuts de la temporada con un viaje al fondo de la sanación después del trauma
Lo más destacado y brillante de Sorry, Baby no se ve. No aparece en la pantalla. Toda la fuerza de la propuesta de la debutante (antes actriz) Eva Victor consiste en armar una película invisible que discurre enteramente en la imaginación del espectador. Y esto, que dicho así puede despistar, en verdad no es más que la consecuencia y verdadero sentido de su argumento, del asunto tratado. La película narra el proceso de reconstrucción de una mujer —profesora de universidad a la que da vida la propia Eva Victor— después de una agresión sexual. A su manera, lo que se cuenta no es más que la larga serie de narraciones frustradas, de relatos apenas apuntados, de silencios forzados, de miradas desviadas y de conversaciones imposibles por miedo, vergüenza o incomprensión que siguen a un episodio por fuerza inenarrable. Digamos que lo que lleva a cabo la directora es un ejercicio de brutal sinceridad, que también es coherencia, desde la parte más íntima, profunda y vívida, aunque no necesariamente oscura, de una herida que no cesa.
Pero, que no cunda el pánico, la genialidad de la cinta consiste en lo que bien podría llamarse su iluminada transparencia. La directora no se deja arrastrar ni por la amargura ni por el sentimiento de frustración ni por la simple tristeza al que el trauma que arma la historia se diría que obliga. Bien al contrario, la ironía, el tono sarcástico por momentos muy cerca de la simple payasada, la melancolía no forzada y el cálido compañerismo de una voz amiga y cercana guían el camino de una película que, pese a algún que otro error no forzado, se vive como lo que es: un bálsamo contra lo turbio, un ejercicio de sanación pleno, claro y deslumbrante en su pautada invisibilidad.
Sorry, Baby está organizada en cinco episodios no cronológicos. No se trata de un puzle que la sagacidad del espectador tenga que montar, sino más bien de unos cuadros impresionistas organizados por el tiempo, pero el tiempo emocional, podríamos decir, y no tanto el lineal. A su manera, el pasado, presente y futuro pierden el orden que tradicionalmente les da el afán productivo en cuanto las expectativas de futuro imaginadas en el pasado se dan de bruces con la memoria de todo lo perdido y la esperanza de lo aún soñado.
La película viaja al momento en el que la protagonista, entonces estudiante de posgrado, conoce al profesor que tanto admira y al que tanto quiere impresionar. Error. Lo hace con un descarado gusto por el sarcasmo, sin renunciar incluso al ridículo de un tiempo (la parte más arrogante de la juventud) y un espacio (el universitario) esencialmente ridículos. De ahí, se salta a una época, ya más cerca del presente, donde la ahora profesora se reencuentra con una amiga de aquellos felices años de despreocupación. Las dos son ya personas adultas y con muchos problemas derivados de mil hipotecas. Por el camino, la protagonista conocerá la posibilidad de un nuevo amor (o solo pareja), se hará amiga de un gato, se comerá un bocadillo con un tipo (John Carroll Lynch) muy majo, se enfangará en mil tristezas menores y hasta coqueteará con la más profunda de las oscuridades. Y en el medio, como la más presente de las ausencias, lo inenarrable con todas sus miserias y recriminaciones: que por qué se lavó después de la violación (eso fue y eso le dicen), que por qué no se dio cuenta antes, que por qué callar… Y así.
La última escena con el bebé de su amiga en brazos justifica el título y algo más, algo mucho más profundo y apenas dicho, algo deslumbrantemente invisible. Hay dolor, sí; pero esperanza también. En la última ceremonia de los Globos de Oro, Julia Roberts interrumpió su discurso para darle las gracias a Eva Victor por su película. Puedes o no estar de acuerdo con la filmografía de la protagonista de Pretty Woman, pero su gusto como espectadora está completamente a salvo.
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Dirección: Eva Victor. Intérpretes: Eva Victor, Naomi Ackie, Lucas Hedges. Nacionalidad: Estados Unidos. Duración: 103 minutos.
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