<p><strong>Loreto Mauleón</strong> (Burgos, 1988) llega sola, paseando tranquilamente, a la cafetería del centro de Madrid donde hemos quedado y se sienta a charlar. Ni representante, ni alguien de prensa… Les aseguro que esa normalidad no lo es tanto para una actriz que, desde ‘Patria’, se ha instalado en el prestigio del cine y las series del nivel de ‘Querer’. Estrena en salas<strong> ‘El fantasma de mi mujer’</strong>, una comedia de enredo que supone un respiro entre tanta intensidad como acumulaba en sus últimos trabajos. «Leer de repente algo que me saca una sonrisa, me lleva a otro lugar y me permite explorar caminos distintos a los que he tenido hasta ahora, es aire fresco y se agradece», reconoce, antes de dudar: «Me dan muchos papeles intensos. ¿Me ves muy intensa?».<br></p>
Asegura que es llego al oficio casi sin buscarlo, pero crece y crece. Aun así, echa el freno de mano: «Tengo muchas amigas mejores que yo a las que va peor. Es todo muy poco lógico»
Loreto Mauleón (Burgos, 1988) llega sola, paseando tranquilamente, a la cafetería del centro de Madrid donde hemos quedado y se sienta a charlar. Ni representante, ni alguien de prensa… Les aseguro que esa normalidad no lo es tanto para una actriz que, desde ‘Patria’, se ha instalado en el prestigio del cine y las series del nivel de ‘Querer’. Estrena en salas ‘El fantasma de mi mujer’, una comedia de enredo que supone un respiro entre tanta intensidad como acumulaba en sus últimos trabajos. «Leer de repente algo que me saca una sonrisa, me lleva a otro lugar y me permite explorar caminos distintos a los que he tenido hasta ahora, es aire fresco y se agradece», reconoce, antes de dudar: «Me dan muchos papeles intensos. ¿Me ves muy intensa?».
- No lo sé, acabo de conocerte. ¿Lo eres?
- Intento no serlo, aunque… Supongo que un poco sí. Soy intensa [risas]. Me gusta creer que no, pero me llaman siempre esos proyectos que remueven y emocionan, me lanzo de cabeza a ellos. Lo que pasa es que luego me lo paso tan bien haciendo una comedia como esta que tengo que lograr alternar. Me ha venido de maravilla tras todo lo que supuso ‘Querer’.
- ¿No lo esperabas?
- En principio, no. Es que en este negocio nunca sabes lo que va a pasar, es tan poco previsible que algo funcione o no. Hace tiempo que intento no pensar en eso cuando estoy haciendo algo. Sé que es complicado porque vivimos en una sociedad en la que todo es superinstantáneo, todo se publica y todo se analiza antes de que pase, pero intento abstraerme de las expectativas porque no me hace ningún favor pensar en ello. Me genera más presión que otra cosa.
- Pero en este caso ya no son expectativas, son hechos. ‘Querer’ tuvo auténtico impacto social.
- Sí, y es muy satisfactorio porque, al final, estos temas del abuso y la violencia no están tan sobre la mesa como pensamos. A lo mejor, en nuestro entorno y en nuestra generación sí y creemos que es igual en otros ambientes o en gente más mayor y, por desgracia, no es así. Me encanta ver que una serie puede servir a mucha gente para pensar y hablar sobre ello. Cuando recibes esa respuesta es realmente bonito.
- Han pasado seis años desde ‘Patria’ y has avanzado paso a paso hasta dar la sensación de estar justo a las puertas del boom definitivo. ¿Lo sientes así?
- No sé hacia dónde voy y tampoco me agobia, la verdad. Tengo trabajo, me gusta, estoy bien y ya no tengo ese agobio constante, pero si te dedicas a esto nunca te llegas a relajar del todo. Por lo menos yo no. Digamos que, más que preocupada, estoy ocupada en seguir trabajando mucho y pensando poco. Es positivo tener cada vez más confianza, pero la inseguridad sigue ahí aunque me sienta en un buen momento. Por suerte, voy haciendo trabajos diferentes que me van aportando y he logrado una continuidad dentro de esta inestabilidad. Tengo muchas amigas y amigos que se dedican a lo mismo y no les va tan bien pese a que son mejores que yo. Es todo tan poco lógico en esta profesión que hacer planes y pensar en hacia dónde vas es perder el tiempo.
- Hace poco, Luis Tosar me decía que él aún se preocupa cuando pasan un par de semanas y no le ofrecen nada.
- ¿Ves? Yo aguanto un poco más de tiempo porque no soy tan buena como él, pero no te puedes fiar nunca. Es una consecuencia inevitable de vivir de esto. Entras un poco inconsciente de lo que te vas a encontrar, al menos yo lo hice. Hay gente que lo tiene superclaro y es muy consciente de lo que conlleva, pero yo, que me fui metiendo poco a poco y sin pensarlo mucho, no tenía ni idea. A cambio, tampoco sentía la presión de o consigo ser actriz o va a ser una catástrofe. Soy bastante curiosa y pensaba que ya encontraría alguna otra cosa. Ser actriz no es el único camino en la vida.
- De hecho, estudiaste Ingeniería Civil.
- Sí, pero nunca tuve la idea real de dedicarme a ello. Es algo que estudié porque, sinceramente, no sabía muy bien qué hacer. Con 18 estaba muy perdida, como la mayoría, y se me hacía dificilísimo elegir qué quería hacer con mi vida, así que decidí hacer algo que pudiera estudiar en mi ciudad para, simplemente, no hacer a mis padres pagarme una carrera y una vida fuera, pero ni tenía vocación ni una vez en la universidad me apasionó de repente. Nunca me he visto trabajando en ello.
- ¿Y cómo te ves a medio plazo?
- Como ahora. Lo firmo. Seguir teniendo trabajo, que además me motive y si puedo mezclar teatro, cine y tele, perfecto. Con eso me doy con un canto en los dientes. No necesito más.
- A veces parece que existes desde ‘Patria’, pero fuiste protagonista de casi 900 capítulos de ‘El secreto de Puente Viejo’. ¿Por qué se menosprecian tanto las series diarias, que se ven más que casi cualquier otra ficción audiovisual?
- Ese menosprecio existe, pero es externo. Si hablas con cualquier actor o actriz que haya estado en una serie diaria, saben valorarlo. Yo siempre las he reivindicado y no porque sean lo que más me gusta, sino porque me parece que son necesarias. Son auténticas escuelas y, si tuviera que volver a empezar, me encantaría hacerlo por una diaria. Te da unas bases que no las puedes conseguir en nada más: rapidez, estudio, dejar todas las tonterías de lado y ponerte a hacerlo ya, en 30 segundos. Eso te forma como muy pocas cosas.
- Hablábamos antes del impacto social y ‘Patria’ lo tuvo como libro y como serie. Tú creciste en San Sebastián cuando el terrorismo aún mataba. ¿Cómo valoras que, tras su derrota, ETA siga saliendo cada dos por tres en el debate político?
- No me gusta y no lo entiendo, pero no diría que me sorprende. Algo tan grave debería tratarse con mucho más cuidado y respeto y no mezclarlo todo. Sinceramente, creo que hay muchas maneras de discutir políticamente sin utilizar algo tan doloroso y que, por suerte, ya no existe.
- Formas parte de una juventud cada vez más desencantada con la política, ¿te pasa?
- No diría desilusión porque no sé si en algún momento hemos estado ilusionados. Todos somos seres políticos porque hay política en cualquier acto. Intento ser coherente con eso, pero es verdad que no me gusta esta manera actual de hacer política que consiste en echarse todo el rato, y siento la palabra fea, mierda los unos a los otros. No me resulta nada constructivo ni va a mejorar algo socialmente. Esto, unido a la inestabilidad, el precio de la vivienda y la sensación de que el futuro es complicado, está provocando mucho desencanto e, incluso, reacciones peligrosas. Es así.
- ¿Qué reacciones?
- Siento que hay un retroceso en derechos y eso me parece lo peor que puede pasar en una sociedad. Más machismo, más racismo… Con esto sí que siento un poco de desilusión, pero no sé cuál es la manera de solucionarlo, la verdad. Supongo que todo empieza con la educación en casa, pero luego lo de fuera contagia. Espero que sea algo cíclico, pero, aunque a mí ahora me vaya bien, veo la desesperanza de mis amigos y, aunque no quiero que se me contagie, no puedes obviar que la situación no es buena para la juventud.
Cultura

