<p>No dejó la noche berlinesa espacio para la sorpresa, siendo esa la característica que quizás mejor defina esas horas del día en la capital germana, tan dada a la improvisación y al caótico descontrol cuando se pone el sol. No lo hizo porque la Academia del Cine Europeo, pese a estar radicada en la ciudad alemana, es más dada a la firme tradición. Y ese es un término que nadie encarna mejor que<strong> Joachim Trier, heredero natural de la tradición del cine independiente escandinavo y gran triunfador de unos Premios del Cine Europeo donde Valor sentimental</strong>, tan heredera de esa tradición como su mismo creador, se llevó los cinco principales galardones que, antes de que la gala empezara, ya se daba por hecho que se llevaría.</p>
No dejó la noche berlinesa espacio para la sorpresa, siendo esa la característica que quizás mejor defina esas horas del día en la capital germana, tan dada a la improvisación y
No dejó la noche berlinesa espacio para la sorpresa, siendo esa la característica que quizás mejor defina esas horas del día en la capital germana, tan dada a la improvisación y al caótico descontrol cuando se pone el sol. No lo hizo porque la Academia del Cine Europeo, pese a estar radicada en la ciudad alemana, es más dada a la firme tradición. Y ese es un término que nadie encarna mejor que Joachim Trier, heredero natural de la tradición del cine independiente escandinavo y gran triunfador de unos Premios del Cine Europeo donde Valor sentimental, tan heredera de esa tradición como su mismo creador, se llevó los cinco principales galardones que, antes de que la gala empezara, ya se daba por hecho que se llevaría.
La Academia del Cine Europeo volvió a repetir con la película de Trier lo que en 2024 había hecho con Emilia Pérez; en 2023, con Anatomía de una caída; en 2022, con El triángulo de la tristeza, y en 2020, con Otra ronda. Que la triunfadora de la noche lo fuera por excelencia, que en las cinco principales categorías no hubiera división salvo por imposibilidad de que no hubiera quien se llevara esa estatuilla en esos proyectos. Valor sentimental tenía candidato para Mejor película, director, actor, actriz y guion y, por tanto, todos ellos fueron para la cinta noruega -también música para sumar seis galardones-. El pleno para la más tradicional de las películas sobre la tradición que corona a Trier, pero también a sus actores Stellan Skarsgård y Renate Reinsve, a apenas unos días de que se anuncien los candidatos a los Oscar, donde Valor sentimental apuesta con fuerza.
Sin embargo, incluso en mitad de la tradición, hay espacio -más en Berlín- para la apuesta radical. Y esa era la que Oliver Laxe encabezaba con Sirat, su gran rave con la que ha ido conquistando a la crítica internacional. La película del gallego, que sumaba nueve nominaciones, la cifra más alta de los premios igualada con Valor sentimental, consiguió imponerse en todas las categorías técnicas en las que participó. La cinta triunfó en Mejor fotografía, Mejor montaje, Mejor sonido, Mejor cásting y Mejor diseño de producción. Cinco galardones -solo uno por debajo de la gran triunfadora de la noche y el mayor númeor que haya tenido una película española en los Premios del Cine Europeo junto a Hable con ella- que dejaron a la película española en el segundo escalón del palmarés de una gala que dejó como gran olvidada a la última Palma de Oro del Festival de Cannes, Un simple accidente, del iraní Jafar Panahi, que no consiguió ni uno solo de los cuatro premios a los que aspiraba. «El cine que hay que hacer es sobre el correcto zas [haciendo un gesto de corte en el aire», defendió Laxe cuando subió a recoger uno de los galardones.
Tampoco hubo gloria para Tardes de soledad, la película documental sobre la tauromaquia de Albert Serra, que aspiraba a Mejor película y Mejor película documental. La cinta en la que el realizador catalán sigue al torero Roca Rey era una de las opciones fuertes para la categoría de documental, que finalmente se llevó la croata Fiume o Morte!. La otra española en concurso, Olivia y el terremoto invisible, que optaba al premio de película de animación también se fue de vacío. El galardón se lo llevó la francesa Arco.
Y por supuesto, en la gala, hubo también tiempo para la política, en un momento en el que Europa mira hacia sus extremos y sus fronteras con la represión y la violencia avanzando. La hubo ya con el arranque de la gala que corrió a cargo del director iraní, Jafar Panahi, tras unas semanas donde el régimen de los ayatolás ha ido recrudenciendo la represión contra los manifestantes que piden el final de su mandato, con miles de muertos acumulados en las calles de Teherán. «Cuando la verdad es aplastada en un lugar, la libertad se asfixia en todas partes. Y entonces nadie está a salvo en ningún lugar del mundo. Ni en Irán, ni en Europa, ni en Estados Unidos, ni en ningún lugar», arrancó el cineasta, que llegó a ser encarcelado y sobre el que aún pesa una orden de detención en su país. «Es precisamente por eso que hoy nuestra tarea como cineastas y artistas es más difícil que nunca. Si estamos decepcionados con los políticos, al menos debemos negarnos a guardar silencio. Porque el silencio en tiempos de crimen no es neutralidad. El silencio es participar en la oscuridad», concluyó Panahi, cuya película, pese a haber ganado la Palma de Oro en Cannes, uno de los más prestigiosos festivales europeos, se fue ayer de vacío de la capital alemana.
Cuando Joachim Trier subió a recoger su premio de Mejor director -primero había subido acompañado de Skil Vogt por Mejor guion- también arengó a sus compañeros a «hacer cine libre» en un momento en que la «polarización está creciendo en gran medida, en muchos sitios del mundo, también en Europa». El cineasta noruego recordó que su adolescencia había coincidido con la caída del Muro de Berlín, aferrada al «miedo» a la Guerra Fría, y en la misma ciudad que levantó y derrumbó ese muro llamó a la unidad de los ciudadanos. «El otro no es nuestro enemigo y el arte nos puede ayudar a tener empatía. Hay que mantener el cine vivo», aseveró el director de Valor sentimental.
Políticos fueron también, en parte, los discursos de las dos ganadoras de los premios honoríficos, Liv Ullmann y Alice Rohrwacher. La noruega, mito absoluto del cine de los 60 y los 70, aseguró que, gracias al cine, «la gente sabrá quien quienes somos y por qué somos» en el futuro y también que gracias a este arte «estamos aprendiendo que estamos aquí todos juntos pese a este mundo». Un mundo que la actriz calificó de «extraño» y «aterrador» además de «difícil de arreglar» y que hizo referencia a la reunión que el viernes mantuvieron en la Casa Blanca Donald Trump y María Corinna Machado, donde la líder de la oposición venezolana le entregó la medalla con la que le había reconocido el Premio Nobel de la Paz. «Es muy difícil de entenderlo. Soy noruega le dimos el premio Nobel a alguien que se lo entregó a otro que… Tenemos leyes que dicen que si haces un mal uso del Premio Nobel, te lo quitamos», incidió Ulmann. La cineasta italiana, Alice Rohrwacher, que primero agradeció el premio a su hermana y «gran amor», la actriz Alba Rohrwacher, quiso cerrar también su intervención con una conclusión política en la que instó a los espectadores a ser «obstinados» y «oponerse» a quienes se posicionan del lado de la guerra, las armas y el extractivismo.
Y así, entre la política y la tradición, se cerró otra de las muchas fechas de la temporada de premios que ya tiene en el horizonte -este jueves- las nominaciones de los Premios Oscar.
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